Naruto Reliquias Ninja


Déjala en Paz y Libérala | Misión rango B

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Déjala en Paz y Libérala | Misión rango B

Mensaje por Lyan el Miér Feb 03, 2016 12:37 am

En mis años de vida, con tantas cosas que me habían pasado y por las cuales había crecido, madurado y desarrollado una gran habilidad a la hora de ver las cosas desde un punto de vista objetivo, había muy pocas cosas con las que en verdad no tuviera paciencia, o que me hicieran salir de mis cabales con facilidad. La primera era el maltrato a las mujeres, en verdad no toleraba a las personas que llegaban a cometer un acto tan bajo; y la otra era el maltrato a los niños pequeños, las únicos seres puros y libre de todo pecado existente. Ya en la última misión que me habían asignado tuve que lidiar con un grupo de ninjas renegados que causaron un gran dolor en el corazón de una pequeña niña al dejar a su padre malherido delante de ella, y no quería recordar las ansias de matar que se habían apoderado de mí en el camino hasta el valle del fin. Contenerme para no acabar con aquellos cuatro malvivientes fue realmente difícil, porque en verdad estaba muy cegado por la rabia. En mi mente aún estaba muy presente la imagen de esa pequeña niña llorando, pidiéndome que encontrara a los sujetos que le habían hecho daño a su papá...

- Tsk... -chasquee la lengua, tratando de quitar aquella imagen de mi mente mientras avanzaba a gran velocidad por el bosque que rodeaba la aldea, siguiendo a un pequeño perro perteneciente al clan Inuzuka. Estaba en medio de una misión, una misión de rastreo y rescate. Al parecer una pequeña niña de tan solo siete años había desaparecido la tarde del día anterior, y se sospechaba que un shinobi de la aldea, conocido por su mal temperamento y sus acciones impulsivas. No se sabía cómo ni porqué, pero este idiota parecía haber secuestrado a la pequeña y se la había llevado hasta el bosque, lugar donde suponían que seguían debido a que varios cabellos rojizos fueron encontrados cerca de la entrada al mismo. En cuanto se me asigno la misión de encontrar a la pequeña fui de inmediato a cobrarle un favor a una chica del clan Inuzuka que había ayudado en un entrenamiento, la cual me dejo llevarme como compañero a uno de sus perros rastreadores, al cual le deje olfatear los cabellos rojizos encontrados en el bosque para que buscara el rastro de la niña.- ¿Todavía estamos muy lejos? -le pregunté, saltando de rama en rama junto a él.

El perro me miro, frenándose sobre una rama en la cual yo también aterrice.
- Muchacho, el rastro me lleva a unos metros más adelante, pero hasta aquí llego yo -me dijo, dando media vuelta, listo para tomar rumbo de vuelta a la aldea.- Miku me ha hablado de ti, y por como creo que eres te dejo una advertencia: Contrólate -y sin más el perro dio u rápido salto, volviendo sobre nuestros pasos para regresar a la aldea. Yo, por mi parte, continúe avanzando, preguntando para mis adentros lo que podían significar esas palabras del can.

Lamentablemente para cuando las entendiera, sería demasiado tarde...


- Debe estar allí... -susurré al visualizar una cueva unos metros delante de la posición donde mi compañero me había abandonado, acercándome sigilosamente hasta la misma, parándome frente a su entrada mientras miraba hacia el interior, buscando reconocer algo en la oscuridad que cubría toda la zona.- ¿Milly? -pregunté a la oscuridad, internándome en la cueva en busca de la pequeña. Mientras me adentraba más y más en la cueva fue visible para mí una antorcha a lo lejos, en el final de la misma, bajo la cual había una silueta tirada en el suelo. Conmocionado, me acerque corriendo a la misma para encontrarme con que se trataba de una pequeña de cabellos rojos, vestida con nada más que unos harapos blancos manchados con tierra y sangre.- Oh dios... -susurré, acercándome rápidamente a la misma para tomarla entre mis brazos y comprobar su estado. La habían golpeado, eso era obvio por los moretones que cubrían su cuerpo, además de algún que otro corte en sus brazos y rostro. Estaba dormida, y se la veía agotada, solo bastaba con escuchar su agitada y entrecortada respiración.- Ese bastardo le hizo esto... -la sangre ya comenzaba a hervirme, y los tomoes que habían aparecido en el iris de mis ojos, entonces rojos, eran prueba irrefutable de ello.

- Vaya, nos encontraron antes de lo que esperaba -una voz a mis espaldas me obligo a voltear, encontrándome con el responsable de tal atrocidad: Un jounin de la aldea con su típico uniforme, de pelo café y ojos negros.- ¿En verdad envían a un simple chunin contra mí? Vaya, la aldea me está subestimando -en sus palabras era clara una confianza tan grande que ya entraba en el campo de la arrogancia.- ¡Hoy morirás, novato! -gritó y sin más se lanzó contra mí, buscando aprovechar que tenía a la niña en brazos para atacarme con taijutsu. Lamentablemente para él, en su camino hasta mí, hizo contacto visual con mi sharingan, lo que lo condenó.- ¿Pero qué...? -de un momento a otro desaparecí frente a sus ojos, dejando nada más que oscuridad donde antes me encontraba.- ¿Dónde te metiste, Gaki? -cuando menos se lo esperaba una mano toco su hombro derecho desde detrás, logrando que volteara para encontrarse con que, desde todas las paredes y el suelo de la cueva, comenzaban a salir una infinidad de manos de piel pálida y uñas largas y negras. Por el miedo trató de escapar, pero fue inútil, las manos terminaron capturándolo e inmovilizándolo, tapándole ojos y oídos.

- Basura como tú no merece ni una pizca de piedad... -susurré mientras sostenía a la pequeña abrazada con un brazo, mientras el otro sostenía un kunai que tenía un sello explosivo en su mango. El sujeto estaba perdido en mi genjutsu, y que llegara a ver un amanecer más no estaba entre mis planes.- Ahora hazle un favor al mundo... y muere -y sin decir nada más incrusté el kunai sobre su hombro, lo que él percibiría como si una de las uñas de las manos que veía en el genjutsu se clavara en dicho lugar. Hecho esto tome a la niña con ambos brazos, caminando a paso lento hasta la entrada de la cueva para salir de esta y tomar rumbo directo hacia la aldea.

Una explosión se escuchó en la cueva segundos después de que me fuera del lugar, la explosión que significaba el fin de la vida de aquel malnacido. En la misión nunca se especificaba que debía de dejarlo vivo, y estaba dispuesto a soportar un castigo por mi forma de proceder si las autoridades de la aldea así lo decidían, y con la consciencia limpia, después de todo había borrado una basura más del mundo.
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