Naruto Reliquias Ninja


9 vs 1 | Entrenamiento | Sharingan de tres aspas

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9 vs 1 | Entrenamiento | Sharingan de tres aspas

Mensaje por Lyan el Vie Ene 29, 2016 5:43 pm

Durante los días anteriores había estado lloviendo con fuerza, al parecer augurando el final de la temporada de calor en el país del fuego. Después de que tal caudal de agua haya caído sobre la aldea, las temperaturas que rondaban la zona, cercanas a los cuarenta grados centígrados, habían descendido drásticamente, hasta rosar los diez grados de temperatura máxima. Si, eran días fríos en Konoha, pero eso no evitaba que fuera a mi entrenamiento diario. Mientras caminaba por las calles, más abrigado de lo normal al sumarse una chaqueta negra a mis ropas habituales, me dedicaba a observar los charcos de agua que se habían formado por toda la aldea producto de semejante tormenta que la había estado azotando días atrás. Gracias al chakra que llevaba enfocado en mis píes no me hundía en ellos, por lo que no tenía que tener mucho cuidado a la hora de cruzarlos, pero igual lo tenía. El frío en verdad era relajante, mucho mejor que el calor a mi parecer, puesto que para el frío podía simplemente abrigarte y aislarte completamente de él, mientras que con el calor no había forma alguna de protegerte del mismo, ni siquiera quedarte sin nada más que unos boxers encima te salvaba de los fuertes rayos de sol que golpeaban duro durante esos días. Ya había pasado más de un día entrenando en el calor, y en verdad se volvía demasiado insoportable y tedioso.

Mis pasos eran lento, en verdad no tenía apuro por llegar a la zona típica donde entrenaba, después de todo era temprano y tenía todo un día para aprovechar, tomarme mi tiempo para llegar no estaba de más para nada. Mientras avanzaba, esquivando los grandes charcos por pura inercia, me preguntaba cuáles serían las razones por la que mi nuevo "Sensei" me había mandado a avisar que estaría presente durante mi entrenamiento. Era raro en él algo así, aunque todo sea dicho, ese sujeto era por demás misterioso, así que en verdad se podía esperar todo de su parte.- Supongo que mientras me ayude estará bien... -si, después de todo no había demostrado, hasta el momento, otra razón para estar en la aldea que ayudarme a mejorar mis habilidades, así como enseñarme nuevas técnicas, etc. En resumen, se había convertido en mi sensei, sin siquiera preguntarme. No estaba seguro de si el Hokage o las autoridades de la aldea en si estaban al tanto de los movimientos de aquel sujeto, y en verdad dudaba que fuera así, no tenía la pinta de ser un miembro de la aldea, además de que nunca lo había visto con la bandana de Konoha puesta, lo que dejaba claro que no era parte de las fuerzas shinobi de la aldea.

Luego de unos pocos segundos finalmente veía mi zona de entrenamiento típica en la lejanía, notando al momento la presencia de alguien más en el lugar. Era él, mi sensei, vestido como siempre con aquella capa negra con capucha, cubriendo la mayor parte de sus facciones para ser lo menos reconocible posible. Me acerque hasta la zona a paso lento, parándome frente a él.
- Lamento la tardanza, pero no especifico una hora -me disculpé en caso de que hubiera tenido que esperarme por un largo tiempo, aunque lo dudaba, casi siempre era yo el que llegaba primero a ese tipo de entrenamientos.- ¿Qué entrenaremos hoy? -le pregunté de forma directa, quitándome la mochila de la espalda mientras me acercaba a un pequeño árbol, colgando la misma de una de sus ramas para que no se mojara.

- Hoy llegarás al siguiente nivel, muchacho... -escucharlo decir esas palabras causo una reacción automática en mí: Active mi sharingan, con dos aspas adornando mis ojos, para luego voltear y de un salto esquivar un par de shurikens que venían directo hacia mí, las cuales se incrustaron en la superficie del árbol.- Así que prepárate.. -dicho aquello, sus manos volaron en unos pocos sellos de mano, para luego crear a su alrededor exactamente cuatro clones completamente iguales a él, que no parecían tener diferencia en su chakra. Eran clones de sombra.- ¡Porque no seré suave contigo, muchacho! -y sin mediar mayor palabra se lanzó contra mí, seguido de sus cuatro clones, comenzando una pelea de puro taijutsu en la cual me veía obligado a utilizar el sharingan para prever sus movimientos y poder reaccionar a los mismo, puesto que al tener que atender el ataque de cuatro flancos distintos era mucho más complicado.

- Tsk... -chasquee la lengua con molestia al recibir el rose de uno de sus golpes, apresurándome a neutralizar otros cuatro que venían directo a impactar contra mi torso y mentón, dando un rápido salto hacia atrás, al tiempo en que golpeaba a dos de los clones con el mismo movimiento de mis piernas en una patada ascendente, seguido de otro y otro, buscando tomar una buena distancia de mis contrincantes antes de continuar.- ¿Es todo? Son cuatro y puedo perfectamente con ustedes -dije con clara confianza, a la vez que rabia porque me subestimara de esa manera. En consecuencia, la cantidad de clones se duplico, encontrándome finalmente con un total de ocho copias de mi sensei, más el original, sumando un total de nueve contrincante con los que verme las caras.- Mucho mejor... -susurré, sonriendo ladino con cierta emoción al tiempo en que en mis ojos, dentro del iris, aparecía una tercera aspa girando alrededor de la pupila, mostrándose el sharingan en su última etapa de evolución, alcanzando la madurez total.- Adelante -y dicho aquello comenzó mi enfrentamiento de puro taijutsu contra nueve contrincantes a la vez, lo que me obligo a acoplarme a las nuevas cualidades de mis ojos.

Unas horas más tarde

Las horas pasaban y el combate continuaba, sin frenar un segundo ni bajar el ritmo de la pelea. Conforme iba eliminando un clon inmediatamente después aparecía otro para ocupar su lugar.- ¿Cuándo chakra tiene este sujeto? –el solo crear ocho clones de sombra era un gasto de chakra importante, y mantenerlos durante tanto tiempo, además sin mostrar ningún rasgo de cansancio ni mucho menos… si, ese sujeto en verdad debía de tener unas reservas de chakra monstruosas, mucho mayores a las que yo poseía, y eso que mis reservas también eran vastas.

Di varios saltos hacia atrás, tomando cierta distancia de mis contrincantes para que, al volver a mirar al frente, encontrarme con que ya tenía a los nueve de nuevo frente a mí, o bueno, así fue por un segundo, puesto que casi inmediatamente después estos me rodearon y comenzaron a lanzarme golpes de todas las direcciones. Mis ojos se movieron rápido, reconociendo cada uno de los golpes y calculando al instante el tiempo y la zona de impacto, otorgándome la capacidad de reaccionar en el momento justo y bloquear todos a la vez, para luego golpear a dos de los clones y hacerlos desaparecer en una nube de humo debido a la fuerza con a que iban cargados mis golpes. Estaba cansado, pero aún me quedaba bastante para dar antes de caer rendido. El combate continuo y continuo, hasta que prácticamente bloqueaba los golpes de forma tan poco eficiente que apenas lograba quedar de pies luego de hacerlo. Mi cuerpo ya no podía más, tenía el chakra por los suelos y los ojos comenzaban a arderme.
- Bueno, creo que es suficiente… al menos por hoyfue lo que dijo el encapuchado antes de deshacer los clones, desapareciendo luego de mi vista al utilizar un shunshin para irse rápidamente del lugar, dejándome solo en mitad de aquel claro.

El día llego a su final cuando volví hasta mi hogar, donde me pegue un baño, comí algo y me fui directo a recostarme. Necesitaba recuperar fuerza, después de un día entero luchando, llevando mi resistencia física al límite, sumado al constante gasto de chakra al tener el sharingan de tres aspas activado… Si, definitivamente eso me dejo más que agotado, y necesitaba descansar un buen par de horas antes de mover un músculo más. Claro que nunca respetaría las horas necesarias de descanso, nunca lo hacía, puesto que mi cuerpo había desarrollado ya una gran habilidad de recuperación para casos de ese estilo para no hacerlo, si prácticamente todos los días se veía al borde del colapso por el desgaste tanto físico como espiritual. Si, quizás abusaba un poco del límite de mi propio cuerpo, pero, a mi parecer, llegar al límite era la mejor y más rápida forma de romperlo y alcanzar un nuevo nivel en tus habilidades.
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