Naruto Reliquias Ninja


Los voy a querer, y amar, y cuidar…. (parte 1) | Misión rango C

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Los voy a querer, y amar, y cuidar…. (parte 1) | Misión rango C

Mensaje por Lyan el Miér Ene 27, 2016 11:31 pm

Especificaciones de misión:
Nombre: Los voy a querer, y amar, y cuidar…. (parte 1)
Clase: C
Lugar: calles
Descripción: La sádica niña Elv a adoptado a adoptado 3 perritos los cuales son constantemente asfixiados con abrazos, y besos y todas las cosas que según Elv hace por amarlos. Se le ha visto en el patio de su casa con las mascotas
Objetivo: salva a los animales sin golpear a una “inocente” niña
Total de Lineas: 50 Lineas
Recompensa: 75 PE + 750 Ryos

Las mascotas, todo un tema con los niños pequeños. En mis tiempos en el orfanato recordaba bien como todos adoraban a la mascota del lugar: Un pequeño perro, quien en su momento fue un cachorro que una muchacha del clan Inuzuka había regalado al orfanato luego de que su compañera canina tuviera crías. Todos los niños adoraban a ese pequeño perro, todos excepto yo, que si bien, no lo odiaba, tampoco era de volverme loco con su presencia, como el resto de niños del lugar. Era un perro, un ser vivo más que casualmente había terminado en el orfanato, para mí no tenía un valor ni significado mucho mayor a ese. Si, puede que sonara algo perturbador que un niño de cinco años, como lo era en ese momento, pensara así, pero durante la niñez mi actitud siempre fue así, diferente a la de los demás, más fría que cualquiera de los otros niños de mi edad. Esto me había costado el ser adoptado, puesto que ninguna pareja sin hijos buscaba a un niño con mis características, los primero que solían irse eran todos niños completamente inocentes y juguetones, mientras yo, por mi actitud tan madura y quizás algo perturbadora, tuve que pasar toda mi infancia en el orfanato, aunque en verdad no me quejaba por aquello, después de todo, se vivía bien allí.

Bueno, dejando ese tema aparte, ya que no viene al caso, la cuestión era que me encontraba caminando por las calles de la aldea en busca de una niñita. Si, una niñita, algo poco común. ¿Porque estaba en busca de una niñita? Pues, aunque sonara más raro aún, era por una misión que me habían asignado. Curiosamente mis misiones variaban bastante, puesto que a veces podían pedirme que me encargara de asesinar a una banda de malvivientes, para inmediatamente después mandarme a que hiciera entrar en razón a una niñita que maltrataba a sus cachorritos con unos abrazos que no eran precisamente sanos para criaturas de su tamaño. La estuve buscando por un buen rato por el centro de la aldea, donde me habían informado que solía pasearse con sus pequeñas mascotas en brazos, las cuales sufrían la anormal fuerza de la pequeña a la hora de dar abrazos.

- ¡Mis pequeños pejitos! ¡Los voy a amar, y abrazar y apretujar por toda su vida! -sí, esos gritos sirvieron de bastante para localizar a la niña, puesto que con su tono de voz tan fino era fácil de escuchar a un buen par de manzanas de distancia. Siguiendo aquella potente voz terminé llegando al patio de una casa bastante grande, al parecer de personas con un buen capital económico, encontrándome con la escena de la pequeña niña estrujando a sus perritos de tal manera que los mismos no paraban de gritar y ladrar en busca de auxilio.- ¿Quién eres tú? ¿Qué quieres aquí? -me preguntó al percatarse de mi presencia en el lugar, apretando con más fuerza a sus pequeñas mascotas.

- Nada en verdad... -dije con una leve sonrisa plasmada en mis labios, aterrizando en el patio de aquella casa antes de acercarme a la niña a paso lento, quitando el parche de sobre mi ojo derecho.- Solo quería mostrarte algo, solo debes... -la niña, por instinto, me miró, al tiempo en que mi Sharingan se activaba.- Mirarme a los ojos -solo necesite de que se fijara en mis rojos orbes para inducirla en un genjutsu, metiéndola en un mundo ilusorio donde ella era la que estaba siendo apretujada, para que sintiera en carne propia lo que le estaba haciendo a sus pequeñas mascotas.

- Bueno, creo que eso será suficiente para ella... -susurré, acercándome a los pequeños cachorros para acariciarle el lomo a cada uno. Uno de ellos, el más pequeño en tamaño, se me acerco y se pegó a mi bota, para luego morderla y jugar unos segundos con ella, solo unos pocos, puesto que tuve que frenarlo.- No, muchacho, no me puedo quedar a jugar… –susurré, alejando un poco del grupo de perritos para luego irme de la zona haciendo uso de un Shunshin. La niña no pasaría más de unos minutos en el genjutsu, pero de seguro sería suficiente para que su actitud para con los cachorros cambiara, y si no, pues volvería listo para darle alguna lección más sobre cómo tratar a sus mascotas.
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