Naruto Reliquias Ninja


Leamos un cuento

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Leamos un cuento

Mensaje por Mina Kurama el Miér Ene 27, 2016 5:39 pm

Habían muchos lugares en  la villa de iwagakure que merecían de atención a la hora de mi entrenamiento mientras no se me asignaba equipo, Las instalaciones de practica podían hacerme mejorar en Ninjutsu y taijutsu al igual que mis aptitudes físicas, las oscuras cuevas del norte de la aldea podían siquiera ayudarme en mis largas jornadas de meditación y control del chacra, pues sola allí, solo acompañada de las nubes de murciélagos que atesoraba la red de cavernas hasta casi las entrañas del planeta, pero solo había un lugar en la villa donde poder entrenar quizás el arma más poderosa de la que una kunoichi como yo dispone, bueno quizás la belleza…pero no soy  tan guapa ni tengo la capacidad de hacérmelo parecer, ,así que mi arma más poderosa es quizás la más difícil de afilar.
Hablo pues de la sabiduría,  la espada sin hoja, el arma de destrucción masiva más peligrosa de la humanidad, pues solo la inteligencia y la sabiduría es lo que mueve este mundo de engaños y traiciones por el umbrío sendero de la vida ninja y sus artes, en la historia ha hecho más daño una mente bien afilada que el justo más poderoso que  podías imaginar , y esa es la razón porque una debía preparar bien su mente ante las amenazas a las que , más que probable, me enfrentaría sin demora. Así que aquí estoy. En la ombría y solemne biblioteca de Iwagakure a la busca del conocimiento  que mi mente ansia encontrar como el filo romo de un cuchillo busca la piedra de afilar, no había muchas más discriminaciones intrínsecas en todo los sentidos en los que una chica joven pudiese encontrarse al arribar pues, en un lugar público como lo era este, pues curiosamente nadie más , a parte de la anciana bibliotecaria que dormitaba a escasos metros tras un mostrador de cabo tratado con relieves de las imponentes cordilleras que caracterizaban el país de la tierra, el lugar más agreste y escarpado del globo sin ningún atisbo de duda alguna, pues aquella atrevida información era innegable.

Era de penalidad inconstante el observar como las partículas de polvo descansaban estáticas sobre los gruesos tomos encuadernados en cuero de distintos colores y  pergaminos apilados en el olvido del desuso, Ya nadie agradaba de leer? O era la única que pensaba que la lectura de historias pasadas lleva a la preparación del incierto futuro? Acaso quizás mi filosofía de preparación no era indicada? Todas aquellas dudas recorrían como ligeras sílfides los confines de mi cerebro en busca de una respuesta que no conseguía llegar, simplemente deseche aquellas dudas de mi mente con un meneo de cabeza, pues al fin y al cabo, leer jamás le ha hecho mal a nadie, no es así acaso? Alcé mi mano para acariciar con ojos cerrados los dorsos de los libros, su tacto uniformemente suave, a causa del polvo rebosante sobre las rugosas portadas del libro, aquel olor a naftalina que lo inundaba todo sellaba un  billete de trasporte a un tren, un tren que llevaba tu mente a otro mundo, un mundo antiguó de tiempo estático  y eterno. La mesa retumbó cuando deje el pesado volumen sobre ella de forma abrupta, para luego soplar sobre las partículas de polvo que revolotearon como mariposas fantasmas hasta perderse en la ombría oscuridad del lugar, el olor almizclado a antiguo supuraba por todo aquel libro, cuyo título así  rogaba:
“Crónicas y fabulas ninja: Las cincuenta noches de dolor fantasmal”
Tras esté título que robó mi curiosidad desde el mismo instante que mis ojos se posaron sobre él, había un cumulo de historias varias de ninjas y sus infortunios, algunas de las cuales ya conocía, pero otras no me eran conocidas de ninguna de las formas, así que simplemente clavé mis ojos sobre los desgastados kanji que estaban escritos en aquel papel amarillento y comencé a leer ,a  la espera de aprender alguna lección de estos relatos olvidados por todos, si algo, alguna lección podía aprenderse de aquellas historias, serian mis ojos y mi cerebro quienes saldrían beneficiados:

Las antiguas tribus de los desiertos del país del viento cuentan cuando sus piras rugen bajo al estrellada noche del claro cielo del desierto, y no sin cierto temor, que cuando la luna se vuelve roja las lamas de los muertos son liberadas de su oscuro cautiverio para acabar los asuntos pendientes que les han atado a la penosa existencia de animas en pena, sin descanso ni paz. Algunas de estos desdichados entes ni recuerdan la razón que atormenta sus vacías consciencias ya, olvidados y despojados de lo que una vez les hicieron humanos, las funestas ánimas errantes son sin existir en un plano de conciencia quizás solo equivalente al de una medusa, Flotar sin sentir.

Otros por el contrario están muy conscientes de aquello que les atormenta, una gran emoción es el único ancla que ata el ánima del fallecido al mundo de los vivientes, y tristemente, pocas veces esa incondicional emoción es el noble amor, más aun la rabia  es la más común de las emociones en un mundo donde la muerte se da de forma tan barata y común, sobre todo cuando la víctima es simplemente una baja casual e inmerecida. Esta es pues la historia y desventura de Nohora Kaduo, un shinobi de sunagakure que tuvo que aprender por las malas que todos los actos, incluso los de apariencia  más  nimia y modesta, conllevan a una inevitable y única conclusión innegable: Todos sin excepción acaban pagando sus deudas, por las buenas o por las malas.

Nohora Kaduo había sido muchas cosas, Chunnin de Sunagakure, traidor a su tierra, líder de los bandidos del negro remolino y últimamente asesino por cuenta de otros con menos dinero y menos escrúpulos para encargar   trabajos que ni siquiera los ninjas de sunagakure  tendrían la moral de cometer, Matar niños para acabar con una dinastía, secuestrar doncellas como pago de una estrafalaria deuda, no había trabajo lo suficientemente bajo para Kaduo, pues la luz siempre brilla mas en los ryu que en la sangre. Eso era innegablemente certero, pero cuando la sangre se amontona en una espada, esta deja de cortar, y hacia mucho que el filo de Kaduo era romo, una vida acomodada y exóticas drogas se encargaron de convertir al prometedor ninja en lo que ahora era, un parasito una sanguijuela que se nutría de la sangre de aquellos que no podían defenderse.
Una noche , en una casa del té de un barrio de mala muerte donde Nohora Kaduo solía perder las noches entre alcohol y mujeres, una artista invidente hacia aparición en aquel lugar con un arpa entre sus arrugadas  manos, nadie reparó en la mujer hasta que las cuerdas de su arpa comenzaron a traer una triste melodía, pues allá en un oscuro rincón de la casa del té, aquella música ambulante relataba una historia, la historia de una familia feliz, una familia unida que tubo9 la suerte de poseer una granja en un lugar donde no debía, donde intereses más oscuros de hombres más ricos convergían para plantar opio azul.  Kaduo sentía un escalofrío tras otro mientras escuchaba aquellos versos malditos, pues el sabia como seguía la historia, una historia que ya casi había olvidado, pues no había sido más que otro trabajo más de todos los que hacia regularmente,  Su respiración cortaba con cada nueva palabra de tono bajo y monótono que aquella mujer profería de forma impulsada, como si leyese una lista de pecados en la narración de como Kaduo acuchillaba a hombre e hijo para violar a la madre mientras la estrangulaba a su muerte, cabalgando el corcel de la locura y el         éxtasis causado por el simple y bajo placer de matar ese poder indescriptiblemente dulce que enloquece a algunos, llevándolos a cometer las más atroces acciones que los cielos jamás pudiesen contemplar, pero esta vez, en aquella oscura ocasión, la sangre derramada se revela y llama a la puerta del asesino, a reclamar lo que por derecho pertenece si lugar a dudas, a sus delatores. La única y merecida venganza contra su asesino.

Pero esta venganza no vino en forma de muerte, Kaduo no merecía algo tan nimio como el cese inmediato de su vida, el destino le guardaba algo mucha más siniestro, cuando aquella mujer acabó de cantar la siniestra endecha mortuoria, desplomada en el suelo quedó sin signo alguno de vida, Kazuo se levantó  rápido y enérgico, encariñándose hacia la mujer tendida en el suelo bajo la extraña mirada de todos, no por el sentimiento altruista de rescatar a la anciana, si no por el simple querido de buscar la identidad de aquella mujer que sabía tantos detalles de su trabajo, pero solo el horror fue la respuesta cuando la ara de una vieja marioneta de madera fue faz que sus ojos pudieron observar y comprender que aquella voz no pertenecía a nadie, así comenzó la terrible venganza sobre Nohora Kaduo,  una suave y terrible venganza donde la herramienta del torturador no era más que la paranoia enfermiza del ninja, durante años el miedo arraigó en su corazón, convirtiendo al implacable asesino en una rata sestada de su misma sombra. Los años de terror comenzaron a pasarle factura, su pelo encaneció, sus ojos antes vividos ahora estaban muertos y sin brillo alguno y el falta de hambre le había traído serios problemas de peso, pero esos signos drásticos de estrés no eran siquiera comparables al brutal y desastroso merma miento a la que su mente se había visto forzada, convirtiendo al antaño irreverente hombre en un engendro baboso y balbuceante que acabó viviendo bajo las nieblas de un puente en kirigakure, maldiciendo de sombras que jamás desaparecían y berreando de una melodía que jamás terminaba, por lo general, un loco innocuo sin una historia clara que descubrir, no era una amenaza que tuviese que ser eliminada, el temible asesino ahora era una simple molestia apartada de la historia en una cama de locura y desentendimiento. La venganza se había cumplido, ya no había más agravios que saldar.
Cuando los limpiadores encontraron el cadáver congelado de Nohora Kaduo bajo el puente, a nadie le importo siquiera, simplemente refunfuñaron sobre el trabajo que aquel hombre les daría esa mañana, ni una lagrima , ni un recordatorio, solo una arpa a su lado y una etérea melodía que silbaba el viento entre la neblina que danzaba sobre los verdes juncos del rio, una melodía en la que nadie reparo ni nadie quiso escuchar, Aquella melodía final sellaba una venganza por un agravio ya olvidado, un agravio y restablecido con sangre y locura, Ahora todos descansaban en la blanca paz de la muerte.”


Acabé de leer el ultimo renglón de aquel funesto capitulo sin dejar de sentir un escalofrío sobre la columna, mi mente intentaba darle materia a aquella fantasmal melodía que traían los muertos inquietos en busca de venganza, pero a todo esto, aquellos oscuros párrafos traían una  moraleja bastante evocadora sin duda alguna de intención . Estaba claro que algún día me vería en la tesitura de matar a un contrincante, pero eso no significa que deba disfrutar con ello, y mucho menos que deba usar mis artes contra gentes fuera de culpa, Nohora Kaduo había vendido su orgullo como Shinobi en pos de riquezas y poder y lo pagó con su cordura cuando los corderos sacrificados se tornaron en leones, mis cansados ojos parpadeaban mientras cerraba el libro a de nuevo, intentando recordar cada una de las intranquilizantes palabras que con letra irregular estaban escritas en aquel grueso tomo rojizo, me preguntaba cuántas interesantes historias más habría en aquel enorme libro , según su pesó habría un montonazo,  y eso me alegraba el alma al saber que podría sacar excelentes moralejas de este lugar, Mis conclusiones al fin y al cabo no habían sido erróneas , así pues acabé de acercarme al estante para dejar el libro, observando con halito cortado cuantos libros similares a este tenía para leer. Estaba contenta, no cabía duda.
Ya dejado el libro me acerqué a la ventana, donde un remarcado rayo de luz dorada atravesaba el éter para reflejarse en la mesa, con paso lento me acerqué para observar el maravilloso paisaje que el sol poniente , escondiéndose tras los escarpados picos de la cordillera, me regalaba a mis enrojecidos ojos, el olor de Naftalina los erguía impregnando todo, Cerré mis ojos y aspire todo esperando crear uno de aquellos momentos de los que siempre te acordaras, aunque sea de forma pasiva y desdibujaba, mantenía el aire en ellos pulmones el tiempo necesario hasta notar el ligero ardor de la falta de aire en sus zonas superiores, y exhale lentamente, ahora  realmente estaba relajada y contenta, me gustaban los días así, días de intersección personal, días que realmente una podía olvidar al mundo y que el mundo se olvidase de ella, ahora mismo solo tenía en mente llegar a casa y ducharme, a la espera de que mañana fuese un nuevo día.
Con paso tranquilo, me acerqué a la salida con la intención de salir de aquel edificio, la bibliotecaria seguía dormitando en el mismo lugar, y me daba cuenta de que mi estancia la biblioteca, no había perturbado absolutamente nada, quizás era mejor así, aquel lugar era una puerta al pasado y  a la quietud, un lugar así jamás debe ser perturbado.

lineas:
155
avatar
Clan: Ninguno
Ninjutsu
Raiton Clase D

Ryous : 3000 Mensajes : 9
Fecha de inscripción : 17/01/2016

Ver perfil de usuario
Genin de Iwa

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.