Naruto Reliquias Ninja


Velocidad de reacción | Entrenamiento | Velocidad

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Velocidad de reacción | Entrenamiento | Velocidad

Mensaje por Lyan el Dom Ene 24, 2016 9:57 pm

Si se buscaba bien en las zonas de entrenamiento de Konoha era facil encontrar lugares especiales, diseñados para entrenamientos intensivos de ninjas con un nivel de habilidad ya bastante elevado. Estos campos habían sido creados en un principio para uso general, pero luego de un accidente que hubo con un gennin que quiso probar su habilidad esquivando kunais... bueno, digamos que no se podía permitir que algo así volviera a pasar, así que cerraron la zona para uso exclusivo de shinobis de rango mínimo de chunnin, aunque en verdad el diseño estaba pensado para que únicamente jounnins entrenaran allí. Al final las cosas no fueron tan bien como se esperaba, así que se terminó por cerrar la zona a uso exclusivo de ninjas que demostraran estar capacitados para entrenar en un lugar así. Yo había hecho aquella "Prueba de ingreso" durante los que fueron mis últimas semanas como gennin, otro medito que me ayudo a la hora de ser seleccionado para el examen chunnin. Desde entonces tenía autorización para entrenar allí, utilizando las instalaciones como me diera la gana, siempre bajo mi responsabilidad en caso de salir herido de gravedad por no saber medir la dificultad del entrenamiento y acomodarlo a mis capacidades. La aldea no se hacía cargo si moría, algo completamente normal, aunque a decir verdad, en mi casi, esta regla era un poco inútil. No tenía familia que fuera a quejarse por algo así, por lo que podría morirme allí dentro cualquier día y la aldea no tendría ningún tipo de reclamo. Bueno, los niños y las dueñas del orfanato seguramente dirían algo, pero no podrían legalmente hacer nada, aunque tampoco me gustaría que lo hicieran en caso de que algo así fuera a pasar.

Me encontraba parado en el centro de un pequeño claro, aparentemente sin nada más interesante en el mismo. Llevaba puestas mis prendas habituales de entrenamiento, reforzadas con algo de abrigo por el viento frío que venía azotando la zona desde la mañana, un gran alivio para el calor que venía acarreando la semana. Llevaba puestas unas botas negras altas, acompañadas de un pantalón del mismo color que se ataba a mis tobillos con unas vendas blancas, una sudadera azul oscuro y debajo una remera de red negra, de la cual se veía el cuello por encima del de la sudadera en sí. La bandana, con el protector con el símbolo de Konohagakure, la llevaba atada sobre mi hombro derecho, como de costumbre. El viento soplaba fuerte, como ya comente, molestándome al mandar los mechones más largos de mi cabello a meterse en mi ojo, a lo cual reaccionaba rápido para quitarlos de allí con la mano
.- Venga, es hora de comenzar... -susurré mientras terminaba de apartar un mechón de cabello de mi cara, sacando un kunai  de mi porta armas para luego lanzarlo hacia mi derecha, aparentemente a la nada. Claro que no fue así, ese lanzamiento estaba calculado para que, luego de atravesar un arbusto, el kunai cortara un hilo y diera comienza a un peligroso pero muy efectivo entrenamiento. Una sistema se activó, comenzando a lanzar armas de todo hacia el centro del claro, donde yo me encontraba. Esto de forma constante, sin tomarse ni un segundo de pausa. De un segundo a otro me vi rodeado de decenas y decenas de proyectiles que se acercaban a mí a gran velocidad, y sin activar del Sharingan me vi obligado a reaccionar. Di una voltereta hacia atrás, girando en el aire de forma que todos los proyectiles pasaban de largo sin llegar a tocarme. Claro que no pude cantar victoria, puesto que apenas toque suelo cuatro kunais se me clavaron en la espalda, después otros dos en la cabeza, y explote en una nube de humo...

- Tsk, es más difícil de lo que imaginaba... -susurré parado sobre la rama de un árbol cercano, luego de haber usado el Kawarimi no jutsu para salir de aquella situación tan complicada. Me quede unos segundos observando el claro, mientras este era atravesado de punta a punta por una infinidad de proyectiles, tanto kunais y shuriken, hasta Fuma Shurikens se veían cruzar a gran velocidad, para luego perderse de nuevo en los arbustos. De seguro tenía un sistema de recuperación de armas, porque si no en verdad no sabía de donde sacaba tantos proyectiles.- Debo ponerme al ritmo... -me quede observando aquel extraño espectáculo por unos segundos más, tras los cuales volví a saltar dentro de aquel infierno de armas. No llegue a tocar suelo cuando ya me vi obligado a torcer mi cuerpo de varias formas, reaccionando rápidamente a todo lo que mis ojos eran capaces de ver para esquivar la mayor cantidad de proyectiles posibles. Algunos pasaban demasiado cercan, dejándome algún rasguñon o corte superficial, pero afortunadamente mi habilidad y reflejos eran suficientes para mantener el margen de error en eso, un mínimo. Los minutos pasaban y lentamente mi cuerpo se iba cansando, pasadas las horas los cortes que recibía eran notoriamente más profundos, teniendo que volver a salir del campo de tiro para evitar salir mal parado.  Era algo frustrante tener que estar saliendo para evitar morir vuelto queso por un sinfín de proyectiles, pero también algo necesario, puesto que hasta que no terminara de acostumbrarme a moverme y reaccionar a esa velocidad constantemente no podría reducir el estrés físico de hacerlo como lo había hecho con mis tácticas de Taijutsu.

Unas horas más tarde

Con el pasar del tiempo me fui acostumbrando a la velocidad de reacción necesaria para esquivar todos los proyectiles, logrando de a poco hacerme con el entrenamiento a la vez que, una vez estuve cómodo esquivando, practicar un poco mi kenjutsu al dejar de evadir y proseguir a bloquear los proyectiles con dos kunai que saque de mi porta armas, sosteniendo uno con cada mano. Mis movimientos debían de ser igual de rápidos que antes, si no es que más, ya que debía de bloquear cada proyectil con el golpe justo del filo de mis kunais para que estos salieran disparados contra el suelo, y no hacia otro lado, puesto que no quería correr el riesgo de que uno cambiara su trayectoria pero me diera igual, fuera en un pie o donde fuera. Eso podía significar tiempo en el hospital, lo cual me supondría a la vez tiempo desperdiciado sin entrenar, algo que no me podía permitir de ninguna manera. No tardé demasiado en acostumbrarme a la velocidad y el tiempo de reacción necesario, logrando luego de solo un par de horas bloquear todos y cada uno de los proyectiles que me eran lanzados, a excepción de los fuma shuriken, puesto que eran muy grandes como para frenarlos con un simple kunai. Para estos lo que hacía era calcular el momento justo para soltar uno de mis kunais y, con la mano libre, tomar el arma por el aro central al cual estaban unidas las aspas, desviando su trayectoria directamente hacia el suelo, neutralizándola así de forma efectiva a la vez que astuta.

Llegado a un punto ya no aguantaba más, el estar mirando de un lado a otro de forma tan rápida y constante me comenzó a marear, pero justo antes de que saliera de la zona de disparo las maquinas se frenaron. Escuchaba varios chasquidos constantes, provenientes de todos lados, los cuales pude suponer que se trataba de los mecanismos tratando de lanzar más proyectiles. Al parecer se habían quedado sin munición para intentar atravesarme.
- Y justo a tiempo... -susurré a la nada, mirando un punto en el suelo mientras el sudor bajaba lentamente por mis cienes, llegando a mi nariz y despegándose de la misma para caer rápidamente el suelo. Había sido un día largo, puesto que había llegado en la mañana y ya se encontraba la luna iluminando la larga noche que se venía. En la aldea poco a poco las tiendas y casas comenzaban a cerrar sus puertas, puesto que la jornada laboral diaria ya había terminado y cada uno debía de volver a su hogar, o en cualquier caso prepararse para comer algo si es que ya se encontraban allí. Yo, por mi parte, tenía una larga cita con la almohada después de ducharme. Me gustaba entrenar, pero también descansar luego de un largo y cansador día, más si había sido un día con buenos resultados en el entrenamiento, era como mi premio al esfuerzo. Luego de pasar prácticamente todo el día esquivando proyectiles ya hasta se me hacía raro caminar sin más, manteniendo mis ojos al frente en vez de estar moviéndolos de un lado a otro en busca del mejor angulo para esquivar. Si, en verdad estaba un poco paranoico, pero nadie podía decirme nada su supieran por el peligro que tuve que pasar para hacerme con aquel entrenamiento de forma efectiva.

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