Naruto Reliquias Ninja


De la A a la Z (Misión D)

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De la A a la Z (Misión D)

Mensaje por Liu Akatora el Mar Ene 19, 2016 2:03 pm

Cuando uno lleva años realizando una rutina, esta es difícil de quitarse de encima, aunque el lugar cambie. Por ende, todos los días, me es imposible no mantener mi habitación, mis armas, mis herramientas, mis libros y otras cosas en un estado de perfecto aseo. Es decir, estoy acostumbrado a mantener el orden de mis pertenencias. ¿Y cómo no también sentirme tentado a ayudar a ordenar las cosas del resto? Varias veces he ido a la casa del anciano que tiene muchos libros y he limpiado todo hasta relucir. Porque, nunca he vivido en la intemperie, pero con estar una noche en el exterior me doy cuenta de todos los peligros que hay en la suciedad. ¡Especialmente los bichos que aparecen en esos momentos! Ni pulgas ni ácaros son cosas que puedo imaginarme en mi vida. Por ende, jamás dejaré que viva en suciedad yo ni nadie que me importe. Eso y protegerles es prácticamente lo mismo.

Buscando entre las posibles misiones que podría realizar, me encontré con una que pedía que se ordenara la Biblioteca de la aldea. Eso me sorprendió, ¿cómo es posible que un lugar tan prestigioso, de tanto valor para la aldea y la humanidad, fuera dispuesto al desorden? Cuando pasó por mi mente la imagen de unos libros de mayor valor que mi vida siendo comidos por polillas, mi corazón sucumbió al pánico y acepté la misión sin dudar ni un segundo. Prácticamente corrí, sin olvidarme de mi ropa de limpieza. Creo que haría una buena esposa. Eso si fuera mujer y no amara tanto a las mujeres.

Cuando llegué a la santa institución que todo hombre debería respetar bajo el cielo, fruncí las cejas con tan fuerza que pensé que mi pelo se volvería blanco. ¿Cómo podía dejar alguien que tantos libros estuvieran desparramados y que los que si estaban en los estantes estuvieran distanciados de su verdadera ubicación? Rápidamente corrí a rescatar todos los libros y empecé a realizar en mi mente, rápidamente, un plan de defensa contra la ignorancia humana. Limpié las mesas con rapidez para que las motas de polvo no siguieran asaltando las cubiertas y preciadas páginas de los exquisitos conocimientos registrados en los libros, y fui rápidamente depositando todos los libros en ellas, en grandes pilas. Luego limpié el resto de la Biblioteca, dejando que el piso brillara y que en ningún estante haya ni rastro de una araña. Me felicité a mí mismo y con la limpieza superficial y lo que yo creo medio trabajo hecho, al fin descubrí al autor intelectual de semejante crimen. El encargado de la Biblioteca era un viejo enano que estaba oculto en un rincón, sentado en una silla que parecía arraigada a las sombras. Lo más gracioso, o triste, es que el viejo ya prácticamente no veía nada y mucho menos escuchaba, siendo su voz lo único perceptible. ¿Cómo es posible que semejante ser añejado por el tiempo pudiera encargarse de tan santo establecimiento? Casi me muero de la incredulidad y pensé en mi mente poner una queja ante el Raikage. Yo, semejante hormiga, solo me animaría a estar frente a tal ser de tal alta posición en esta tierra divina por algo que vale más que mil años de vida: el conocimiento. Y en ese delirio me atravesó la imagen de una one-san con gajas atendiendo el lugar como corresponde. Sí, definitivamente me quejaré e invocaré que pongan a una mujer de unos veinte o treinta años a atender el lugar. ¡El conocimiento del País no se merece menos atención que el de una belleza!

Y después de sentirme iluminado por mi brillante ocurrencia, hice un repaso del directorio de libros, actualizando sus bases y revisando que no faltara ninguno. Lo cual fue malo para mi salud, puesto que faltaban varios (y había algunos nuevos con dibujitos bastante explícitos que no comprendí demasiado bien, por lo que me los llevé para realizar una intensiva investigación en mis aposentos privados). Finalmente, ordené los libros en las mesas y luego los pasé a los estantes. Los libros que estaban en un estado que necesitan refacción fueron anotados en otra lista y los que necesitaban limpieza fueron rápidamente puestos a relucir con mis exquisitas habilidades adquiridas. Viendo como mi tarea había terminado y como todos los libros se encontraban ordenados de la A a la Z, sonreí ampliamente, satisfecho conmigo mismo y me fui a reclamar rápidamente mi recompensa, puesto que la urgencia para estudiar los desconocidos libros ilustrados y la necesidad de quejarme con el Raikage eran más importantes que un pequeño sueldo.
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