Naruto Reliquias Ninja


Buscando respuestas | Entrenamiento | Ninjutsu

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Buscando respuestas | Entrenamiento | Ninjutsu

Mensaje por Lyan el Vie Ene 15, 2016 6:01 pm

Una carta había aparecido dentro de la habitación del joven Lyan esa noche, justo encima de la pequeña mesa de luz que tenía junto a la cama. No sabía cómo ni en qué momento se había infiltrado en su casa, pero si sabía bien de quién se trataba, y lo confirmo al abrir el sobre de la carta, leyendo su contenido rápidamente para luego, a gran velocidad, tomar su chaqueta, colocársela y salir de la casa al saltar por la ventana de su habitación, adentrándose en las calles de la aldea con rumbo fijado directamente hacia al bosque. Sus pasos eran rápidos, por no decir que iba a toda la velocidad que sus entrenadas piernas le permitían. Salió de la ciudad y se internó en el bosque, cruzando este a gran velocidad dando saltos que lo impulsaban de rama en rama, llegando a impulsarse con tal fuerza en algunas que las mismas se agrietaban. ¿Qué decía la carta que lo había hecho reaccionar de tal manera? Pues no mucho, solo lo siguiente: "Ven al bosque en cuanto leas esta carta, Uchiha, hoy te ayudare a mejorar el poder de tus ninjutsus". Era todo lo que decía, quizás eran pocas palabras, pero con los acontecimientos de las últimas semanas esas pocas eran suficiente para que el joven gennin abandonara su casa de tal manera y se aventurara a entrar al bosque a esas horas

- [color:4807=330099]¿Dónde está? -se preguntaba el joven gennin mientras recorría el bosque, puesto que en la carta no se especificaba un lugar. Solo decía que debía de llegar al bosque, nada más.- Tsk... -la paciencia que lo caracterizaba se agotaba muy rápidamente cuando el asunto de su "Clan", de su nacimiento, de su existencia estaba de por medio, y cuando se trataba de aquel sujeto estaba garantizado que algo de eso iban a hablar, y si no, él se encargaría de que fuera así. Aquel tipo sabía mucho, sabía más de lo que él mismo sabía de sí mismo, y eso le molestaba. Había pocas posibilidades de que alguien supiera de su condición, los únicos que sabían, hasta donde él conocía, eran los integrantes de aquel grupo ANBU que lo habían encontrado quince años atrás, nadie más, y ese sujeto no tenía muchas pintas de ANBU que digamos.

Era realmente frustrante aquello, tener que buscar en otros información de uno mismo. Era como investigar a alguien, al sospechoso de una misión, por ejemplo, pero hablando de uno mismo las cosas cambiaban y mucho. Imaginaros no saber qué es lo que eres exactamente, para qué fuiste creado, cuál es tu objetivo en el mundo. Si era desesperante, muy desesperante. La misma desesperación enviaba a Lyan a acelerar el paso, mirar a todos lados, buscando al único sujeto que había conocido, a parte de los integrantes de aquel grupo ANBU, que parecía saber algo sobre él y su origen.

- Hola, niño. Llegas tarde -una sombra se movió a gran velocidad hasta posarse frente a él, obligándolo a frenarse en seco para no chocar. Al fijar la vista, Lyan se percató de que se trataba de un sujeto tapado por completo por una capa con capucha, sin dejar nada más que su barbilla con barba de unos días visible por la poca luz de luna que dejaba pasar la misma capucha. Claro que no tardó nada en reconocerlo, se trataba del mismo tipo que había dejado la carta en su mesa de luz, quien lo había citado a aquel lugar, y quien en su momento lo había ayudado tanto a mejorar su Taijutsu, como despertar la segunda fase del Sharingan y agregarle una aspa más a sus ojos al estar activado, algo que en verdad traía mucha dudas a la cabeza del gennin, entre ellas ¿Cómo es que sabía la forma de que el Sharingan evolucionara? Todo aquello era muy raro, demasiado para su gusto.

- Tú... -susurró, dando un rápido salto a un lado para tomar cierta distancia mientras sacaba un kunai de su porta armas.- Lo siento, pero antes que nada necesito respuestas... -dijo en tono tranquilo, quitándose el parche mientras activaba el Sharingan y miraba con él directamente al encapuchado.- ¿Cómo sabes qué soy? ¿Cómo supiste que lograría despertar la segunda aspa del Sharingan aquel día? ¡¿Cómo es que sabes tanto?! -la paciencia del muchacho no existía en ese momento, solo estaba el enorme deseo de saber, y la frustración de que alguien más supieras más que él de sí mismo, aunque no era la primera vez que pasaba.

El encapuchado lo miro, metiendo su mano bajo dentro de la capa y sacando un pequeño cigarrillo, el cual procedió a encender con un mechero que había sacado junto con el mismo. Una vez tuvo el cigarrillo en su boca, se llevó la mano derecha a la capucha y lentamente la fue tirando hacia atrás, terminando por quitársela para mostrar las facciones de su rostro que, hasta el momento, eran un misterio.- Mira muchacho, quien soy no importa, solo importa que tú alcances el poder que estás buscando ¿Cierto? -esas palabras dejaron congelado al pelirrojo, quien ya se había callado al notar las curiosas y extrañas, además de horrorosas, facciones del rostro de quien se encontraba parado frente a él. Su cabello era negro, al igual que sus ojos, y toda la piel de su cara estaba desfigurada por cicatrices que eran obviamente producto de quemaduras de tercer grado. En resumen, no era alguien nada bonito de mirar.- Yo te ayudare, es todo lo que te tiene que importar. Ahora ¡Prepárate! -y dicho esto, ante la expectación del joven Lyan, aquel sujeto activo en sus ojos el Sharingan, el doujutsu que caracterizaba a los Uchiha. ¿Acaso él era...?

Lyan no pude siquiera pensar en preguntar por aquellos ojos cuando se vio obligado a dar un rápido salto, alejándose lo más posible para evitar una bola de fuego inmensa que había sido lanzada contra él.- ¡Ataca, niño! ¡No te iras de aquí hasta que no hayas gastado cada gota de tu chakra en lanzar ataques contra mí! -gritaba el pelinegro, logrando que Lyan reaccionara y comenzara a hacer una rápida secuencia de sellos de manos, listo para lanzar la primera de muchas técnicas que debería de realizar durante esa improvisada pelea. El método de entrenamiento que empleaba ese sujeto era muy extraño, pero sus resultados hasta el momento siempre habían sido óptimos.

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Re: Buscando respuestas | Entrenamiento | Ninjutsu

Mensaje por Lyan el Vie Ene 15, 2016 6:47 pm

Durante toda la tarde, dentro del bosque, se vieron enormes llamas surgir dela nada y desaparecer en el cielo, se escucharon enormes explosiones y se vio a los animales escapar de cierta zona. Más de un habitante de la aldea pensó en ir a ver lo que sucedía, pero al ir acercándose se hacía obvio que solo eran dos shinobis entrenando. Entrenando de una forma algo bruta, pero entrenando a final de cuentas.

Un pequeño claro fue el lugar elegido por ambos shinobi para luchar, o bueno, llegados a ese punto ya no se lo podía llamar un "Pequeño claro". Las llamas habían consumido gran parte de la zona, llamas generadas por los jutsus Katon que se lanzaban el uno al otro. Durante la noche lo único que se veía eran estos, además del reflejo de su luz en los ojos rojos de ambos contrincantes. Las horas pasaron desde entonces, y Lyan estaba llegando lentamente al límite de su capacidad para lanzar ninjutsus. Su chakra estaba por los suelos, incluso le costaba mantener activo el Sharingan, pero era necesario, su capacidad de ver los movimientos más lentos era lo que le había permitido esquivar la mayor parte de los jutsus que eran lanzados contra él .

- Tsk... -chasqueo la lengua al frenarse sobre la rama de un árbol, tomando grandes bocanadas de aire para tratar de normalizar un poco el ritmo al que su corazón iba latiendo. El cansancio que lo atacaba era obvio, su cuerpo en verdad ya estaba bastante cerca de su límite, puesto que habían pasado la noche entera luchando sin parar un segundo, en un constante intercambio de ninjutsus katon y algún que otro enfrentamiento de taijutsu.- Ya no puedo más... -susurró en el preciso momento en que sus piernas fallaron, dejándolo caer de la rama directamente hacía un duro y quemado suelo. Para su suerte, quien hasta ese momento era su contrincante, lo salvó de chocar contra el suelo.

Lo siguiente que Lyan vio fue estar en su casa, recostado en su cama y con otra nota sobre la mesita de luz, citándolo a un nuevo entrenamiento futuro.

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