Naruto Reliquias Ninja


Perro furioso | Misión rango C

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Perro furioso | Misión rango C

Mensaje por Lyan el Mar Ene 12, 2016 11:33 pm

Especificaciones de misión:
Nombre: Perro furioso
Clase: C
Lugar: Hospital
Descripción: Hay un perro en el Hospital que anda mordiendo a niños inocentes.
Objetivo: Mata al perro. Lamentablemente ese perro no tiene solución, especialistas han tratado de curarlo pero no ha tenido efecto.
Total de Lineas: 50 Lineas
Recompensa: 75 PE + 750 Ryos

Un perro enfermo, eliminar a un perro enfermo, esa era mi misión, la razón por la que me encontraba en el hospital de la aldea. Había varios testigos que aseguraban que el animal atacaba a todo ser que se le acercará, ya había mordido a varios niños y eso no se podía dejar así. Los médicos trataron de curar su enfermedad, pero no pudieron hacer nada para eliminar lo que generaba esa agresividad en el perro. Luego de meses de buscar una forma de tratar con él, finalmente todas las opciones se agotaron y la ultima de todas, la que todo mundo quería evitar, termino siendo la única que parecía poder resolver el problema. Había que matar al perro, y para eso me habían contratado, esa era la tarea que me daban mis superiores, matar a un pobre animal enfermo que ningún docto logro sanar pese a intentarlo por mucho tiempo.

Me encontraba parado en la entrada de un callejón circundante al hospital, mirando hacia el interior de este. En el fondo, pegado a la pared del final, el perro en cuestión me observaba, gruñendo sonoramente mientras mostraba sus afilados caninos. Se trataba de un perro de la raza conocida como “Pitbull”, una raza de perros grandes, con mandíbulas poderosas y caninos afilados Di el primer paso hacia adelante, y como resultado comenzó a ladrar. Él sabía a lo que venía, sabía que era el día en que moriría, algo en el fondo de mi corazón me decía que él sabía perfectamente que yo estaba allí para asesinarlo.- Lo siento, en verdad no quiero hacer esto... -susurré mientras lentamente me seguía acercando, cortando cada vez más la distancia que nos separaba. Cómo consecuencia los ladridos del animal se incrementaron, tanto en cantidad como en volumen. ¿Acaso quería decirme algo? ¿Estaba rogando por su vida? ¿O utilizaba sus últimos alientos para seguir luchando por vivir?. Un enorme remordimiento se apoderaba de mi mente, no podía dejar de pensar que el perro no tenía la culpa de haber contraído esa enfermedad, la culpa era de quienes no le brindaron un hogar, de quienes lo abandonaron en la calle, era culpa de ellos, no de él...

Mi mano temblaba al acercarse a mi víctima, que había frenado sus ladridos cuando la distancia que nos separaba se redujo a menos de tres metros. En su lugar, el pobre animal buscaba desesperadamente una forma de escapar. Miraba a todos lados, pero no tardo en percatarse de que le era imposible escapar de allí. Ya estaba condenado, condenado por algo que él no eligió.- En verdad lo siento... -susurré con un fuerte remordimiento golpeando en mi subconsciente al escuchar el llanto del perro al sentir el tacto de la yema de mis dedos en su pelaje. Me acerque un poco más, acuclillándome a su lado, y lo observe por unos segundos. Allí estaba, un ser vivo como cualquier otro afrontando una inminente muerte. Me senté a su lado, y curiosamente, él no intento escapar, sino que se acomodó en mi regazo, con su cabeza sobre mis piernas.- Lo siento, lo siento... en verdad, lo siento... -un torrente de gruesas lagrimas bajaba por mis mejillas, cayendo sobre el pelaje del perro. Abrí los ojos, quitándome el parche para que no me molestara con las lágrimas, y observe fijamente a mi inocente víctima. Él me miro, y noté en sus grandes ojos un solo sentimiento, un único sentimiento: Tranquilidad, y quizás, una leve felicidad.

Fue rápido, indoloro, silencioso... un simple movimiento de mis manos y lo desnuque, arrancándole la vida del cuerpo en un segundo. Su cuerpo inerte quedo sobre mi regazo, y no pude hacer más que llorar al ver esa expresión de felicidad en su rostro. Ese era el mundo real, la horrible y curda realidad. Vives, mueres, y nada más. Pueden matarte por algo que no es tu culpa, algo sobre lo que no tienes poder, algo que tú no decides. Luego de unos pocos minutos finalmente tuve las fuerzas para levantarme, tomar el cuerpo del pobre animal y cargarlo hasta el bosque. Allí excave un hueco en el suelo, de un tamaño considerablemente grande, y metí el cuerpo del animal dentro. Lo enterré, y luego corte algunas ramas de los árboles de los alrededores, cruzando dos grandes en forma de cruz y atándolos con hilo de alambre para que se mantuvieran en la posición. Coloque la cruz en la cabecera de la tumba, e hice una pequeña oración antes de irme de allí. Había asesinado a un animal inocente, lo mínimo que podía hacer era dedicarle una oración cada vez que pasara por allí a entrenar.
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