Naruto Reliquias Ninja


Ficha de Aizen

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Ficha de Aizen

Mensaje por Aizen el Sáb Ene 09, 2016 9:29 am

■ Aburame Aizen ■
Cuanto mayor es la lucha más glorioso es el triunfo

Aburame Aizen
Sin apodo
17 años
Iwagakure
Aburame
Doton [Tierra]
Ninjutsu
Sin Pacto
Sin Kekkei Genkai
Sin Dōjutsu

Descripción Psicológica

De naturaleza callada y reservada, es un chico que no suele bromear y no le gusta hablar más de la cuenta. Es serio y aunque suele respetar a sus superiores, nunca irá en contra de lo que él siente, piensa, cree o desea.

Si bien piensa que cada cual es libre de hacer lo que quiera y que cada uno debe solucionar sus propios problemas, no le gusta que se cometan injusticias, mucho menos delante de él. Aún así, un "ajuste de cuentas" o venganza justificada, para él, no entraría dentro de la definición de injusticia, pues considera justo equilibrar la balanza: ojo por ojo y diente por diente. La mejor forma de arreglar algo con alguien es el enfrentamiento directo, ya sea verbal o con algo más que palabras.

Aunque su primera opción siempre es intentar solucionar los conflictos mediante el diálogo, su paciencia en general es poco duradera y si el sujeto en cuestión no responde a la diplomacia, no tendrá ningún problema en soltarle una buena hostia.

No se siente cómodo con extraños, mucho menos que lo traten como a un amigo sin tan siquiera conocerlo. Algo muy parecido pasa con la falsedad, envidia, egoísmo, individualismo y egocentrismo de las personas: le da repugnancia, asco y animadversión; si bien comprende que tiene que haber de todo en el mundo, siempre intenta apartarse de estas personas, del modo que sea.

No suele reírse mucho: de vez en cuando arquea su boca como una sonrisa fingida, más por respeto que por sentirlo. Ya tiene que ser muy graciosa la broma para conseguir sacarle una carcajada. No es de extrañar que le tachen de borde o antipático, pero nada más lejos de la realidad. Si bien no lo aparenta, es una persona que busca trabar amistades; verdaderas amistades duraderas, pero escasean en estos tiempos de individualismo y egoísmo. Dado también su capacidad de "emoción", no suele trabar amistades, de forma general.

El shinobi oriundo de Iwagakure presenta un código de honor, amistad y valentía que aprendió durante años de duro entrenamiento... Mejor dicho, adoctrinamiento: nunca puede llegar a ser desleal, tanto para la villa como para una persona, a menos que realice algo grotesco o que vaya en contra de sus principios. Tampoco es propenso a rendirse en un combate, aunque no es tonto y huirá si las cosas realmente se ponen peligrosas; si mantiene una fuerte amistad con alguien, le ayudará pero de lo contrario dejará a la persona y se pondrá él a salvo.

Aunque por su personalidad no lo aparente, no piensa demasiado lo que dice, pecando a veces de sinceridad, inocencia o simple estupidez. Esto le trae problemas para según qué personas, si bien ha aprendido a dejar de hablar a mitad de una frase y mostrar una fingida sonrisa, dejando a medias lo que estaba diciendo, restándole importancia. Cuando traba una verdadera amistad es totalmente abierto e incluso, si es todavía más especial, pone algún apodo de algo característico que lleve, use o haga.

En los momentos de peligro puede llegar a sacar su lado más sádico: tortura, humillación, asesinato... Cualquier cosa con tal de denigrar a su oponente, socavando toda la información útil que tenga; si bien no tiende a hacerlo por placer y solamente cuando realmente se le provoca. Odia a la gente capaz de generar dolor al resto sólo por placer o beneficio propio, incluyendo a asesinos, ladrones y psicópatas en general. Como todo, hay excepciones, como por ejemplo burlas del rival o una fuerza superior.

Historia Base
Capítulo I:

Era una noche fría de invierno, hace trece años.

El cielo retumbaba con furia y los relámpagos descargaban la ira de los Dioses sobre las amplias planicies de las tierras del Rayo. La tenue luz que entraba por la rota y casi tapiada ventana haría de recepción a un acontecimiento que mantenía a un pequeño reducto familiar en una de las destruidas casas de la aldea de Kumogakure en ruinas. Eichi; una orgullosa miembro del clan Aburame y de la antigua aldea de Konoha, se encontraba rompiendo aguas. La ujer gritaba con dolor con cada contracción que sentía y que el proceso de parto le obsequiaba con natural malicia. Sin embargo, un motivo le impulsaba a continuar. En realidad, le había impulsado casi ocho meses de embarazo. Y es que nadie se esperaba que diera a luz tan pronto, faltándole, como mínimo, un mes más.

Todo el sufrimiento y agonía valdría la pena una vez tuviera en sus brazos a su pequeño bebé, quien había decidido salir antes de tiempo, poniendo no solamente en peligro su propia vida, sino la de todos los que se encontraban allí. De alguna forma, ese recién nacido traía consigo una gran expectativa de futuro, no solamente para el núcleo familiar que se cementaba con prisas, sino también para la propia villa. Aún así, los otros dos ninjas que estaban al lado izquierdo, un hombre ya entrado en el otoño de su vida y una mujer demasiado joven como para comprender lo que realmente pasaba, no dejaban de preguntarse si no sería demasiada carga ahora mismo y que pocos querrían llevar sobre sus hombros durante demasiado tiempo.

El nacimiento parecía complicarse a cada minuto que pasaba. El sonido de los truenos camuflaban durante breves segundos el dolor de la mujer. Sin experiencia ninguna en el campo de la medicina, los tres ninjas, incluyendo a, Reiken, el padre de la criatura que luchaba por salir al mundo, sólo podían ver, impotentes, cómo la situación se les iba de las manos. A pesar de que la voluntad de Eichi era más fuerte que nunca, mucho más grande que la de cualquiera en aquella habitación, sus signos vitales decrecían rápidamente.

Su esposo estaba a su derecha, sosteniéndole la mano, aferrándola como si no pudiera hacer nada más. Sabía que la impotencia era la peor enemiga de un ninja, de un hombre, de un humano... Y se había topado de bruces con ella. En el peor de los casos. En la peor de las situaciones. Solamente podía sonreir de forma cansada, apagada, para que cuando la mujer quisiera notar que estaba allí, fuera lo primero que viera, que tenía su apoyo incondicional. Era lo único que podía hacer. Lo único... ¡Se odiaba a sí mismo! Su esposa afrontaba todo el dolor y su hijo, ¡su hijo! estaba intentando salir casi dos meses antes de lo esperado. ¿Acaso había algo más desastroso y peor que aquello?

Cualquiera que viera al hombre notaría que en su interior reposaba una sensación de desesperanza debido a las complicaciones suscitadas en el parto, las cuales amenazaban con impedir que el sueño de formar una familia pudiera concretarse. No solamente la vida de su esposa estaba en juego, sino también la de su hijo. Todo su mundo podía venirse abajo en un instante.

Con estoica resignación, podía sentir como el interior de Eichi se desgarraba. Veía como la energía de su amada esposa, quien siempre había sido radiante, alegre y jovial, se esfumaba con cada lágrima que soltaba. Comenzaba a estar fría como el hielo y blanca como la nieve. Un último trueno le sacó de su pensamiento y cuando volvió en sí, pudo escuchar el sonido más hermoso que alguna vez podría oír alguien. El llanto de su bebé le trajo de vuelta a la realidad, otorgándole un poco de esperanza, algo que le hacía falta. Pero aquella felicidad se vio rota por una amarga sorpresa. Instintivamente, soltó la mano de Eichi y retrocedió tres pasos, asustado de lo que estaba viendo.

¿Pero que es esto? — casi gritó mientras contemplaba al pequeño ser que había salido de la mujer.

El recién nacido era pequeño, escuálido, con la piel casi transparente que dejaba ver levemente sus costillas. ¡Pero si cabía en la palma de la mano! Parecía estar malformado o al menos, no formado del todo. No se había parado a pensar que el ritmo de vida de su esposa había acelerado la llegada del bebé. La sorpresa invadió a todos los presentes, quienes no podían quitar la vista de encima al niño, como quien ve un espectáculo grotesco pero es incapaz de apartar la mirada. Reiken era incapaz de aceptar lo que veía y se negó a acercarse a su esposa; aunque en realidad todo su cuerpo estaba paralizado, una mezcla extraña entre terror, resignación y odio. No podía aceptar la idea de que alguien así no podría ser un shinobi, que no podría entrenarle... Simplemente su destino ya estaba fijado antes de nacer.

Eichi percibió las miradas de los que la rodeaban, en especial de su esposo. Ella seguía consciente. Tomó entre sus brazos a Aizen en un abrazo de amor fraternal que haría que el niño dejase de llorar, sintiéndose protegido entre los brazos de su débil madre. Giró su cabeza hacia la de su marido, consciente de que no le quedaba mucho tiempo y tenía que hacerle entender que era sangre de su sangre.

Su nombre será Aizen, cariño. Y quiero que lo protejas hasta que sea un hombre fuerte y capaz como tú. Cuídalo, enséñale a ser una persona de bien y no olvides decirle cuanto, pero cuanto lo amo. ¿Se lo dirás? — un hilo de voz salió de los labios de la cansada mujer.

Incapaz de decir nada, el hombre asintió tres veces, con fingida aceptación; más bien con resignación. Tres veces, suficiente para que Eichi sintiera la tranquilidad necesaria como para permitirse dar su último suspiro. Sus ojos se cerraron lentamente y su alma abandonó finalmente su cuerpo. Tan pronto como falleció, el diminuto niño comenzó a llorar de nuevo, consciente de que con la muerte de su madre, había perdido toda esperanza de ser realmente amado y de tener una vida cuanto menos normal. O una vida digna, al menos.

Capítulo II:

Ni tan siquiera siete días había pasado desde la muerte de Eichi y el nacimiento de aquél diminuto bebé que sacudió a los habitantes de Konohagakure, especialmente al clan Aburame. El pequeño se mantuvo al cuidado de una anciana amiga de la familia que estaba dispuesta para lidiar con él. Esa noche en no iba a ser diferente a las demás, aunque una discusión se cernía sobre el ambiente.

Sus brazos mecían al niño de un lado a otro mientras que a su alrededor comenzaban a reunirse distintas personalidades pertenecientes a las familias que envolvían a Aizen. La mujer supo, al ver cómo tomaban sus respectivos asientos, que lo que estaba por discutirse no era algo de su incumbencia y que la presencia del bebé era sólo para dar valor a los argumentos que más tarde se expondrían.

Ellos estaban allí para decidir su destino, sea cual sea. Aunque presentía que no iba a gustarle el veredicto.

Lo cierto es que era un caso sin precedentes. Por su parte, el pequeño reducto familiar Aburame al que Eichi pertenecía parecía no poder resolver sus discrepancias internas sobre lo sucedido. Reiken, quien ya de por sí había rechazado al pequeño, faltó la punta de un alfiler para dejarse influir por opiniones ajenas. Se negó en rotundo a cumplir con la última voluntad de su esposa, dejando el cuidado de su hijo a una tercera persona, pues no quería saber nada de él. El resto de "invitados" simplemente estaba allí por cotilleo.

La anciana intercalaba su mirada entre el bebé y los presentes cada pocas frases, hasta que comprendió finalmente la situación. El rechazo en los ojos de padre y prácticamente de todos los presentes desveló el panorama y supo inmediatamente que el futuro de Aizen no era demasiado prometedor. Pensó entonces en llevarse al niño cuando no miraran o al menos, en la noche cuando fuera a arroparle. Pronto desechó la idea y comprendió que no podría afrontar una persecución ni un enfrentamiento. Además les estaría hacia un favor: podrían usarla como excusa para fingir un accidente y eliminar al pequeño fácilmente. Suspiró pesadamente viendo que su única opción era quedarse allí esperando, sin poder hacer nada más, impotente. Un fuerte golpe sobre la mesa de madera atrajo la atención de los nueve personas presentes.

El semblante de Loran estaba lleno de odio y furia contenida. Hablaría el primero, puesto que nadie más se atrevía.

Seré franco: no quiero ser partícipe de vuestras intenciones, así que inicio este insustancial debate apoyando la última voluntad de mi hija. Estamos hablando de una vida humana, de la vida de mi nieto, que nació con el último suspiro de su madre. Por vuestras caras veo lo que estáis pensando y no lo voy a tolerar. No dejaré que os deshagáis del pequeño. Sé un hombre y cuida de tu hijo, Reiken, porque nadie más lo hará por ti. — apenas podía contener su voz, gritando con ira contenida.

Reiken alzó la mirada para encontrarse directamente con la de su suegro. Y sonrió vagamente.

Comprendo que no estés de acuerdo conmigo, pero te invito a que lo vuelas a mirar más de cerca y te aseguro que terminarás pensando lo mismo que yo. Ese ser diminuto y débil es el motivo por el que tu hija no se encuentra hoy aquí. No le quiero aquí y le rechazo como hijo propio. Mi sugerencia no era matarle, sino darle en adopción. Con algo de suerte terminará con alguien que lo quiera y si no, bueno... Al menos tendrá una vida. Tengo contactos más allá de Konoha y sé que podrían cuidar de él. Nadie hablará más de lo sucedido y no tendríamos que cuidar a alguien que sabemos que no servirá para el bien de la aldea. — su pesada voz era signo de cansancio y resignación ante lo que estaba pasando. No debía ser agradable para un padre dejar así a su hijo, pero él no lo quería, al fin y al cabo y sabía que no se ocuparía de él como debería.

Un tercero se levantó de su asiento y se dirigió a aquella pelea entre dos. — Estoy de acuerdo con Reiken. No podemos darnos el lujo de dejar que el chico crezca y se haga llamar un Aburame. Siempre podemos proveerle una buena vida o al menos una vida mejor de la que tendría en Konohagakure. Pero lejos, muy lejos de aquí. No nos costará reunir el dinero suficiente para darlo en adopción ni tampoco en dárselo a alguien que esté dispuesto a cuidarle. — hablaba pausadamente mientras el resto de asistentes asentían con la cabeza.

La balanza parecía inclinada. No obstante, una repentina figura apareció en el cuarto, tan silenciosa que muy pocos se dieron cuenta de su presencia.

Se trataba de un viejo patriarca del clan Aburame quien había cumplido, hace mucho tiempo, un amplio historial de peligrosas misiones como shinobi y había sobrevivido hasta hoy. Su cabello era largo y canoso y contaba con una barba tupida de color grisáceo que se abría paso hasta su abdomen. Tambaleante, el viejo avanzó por la habitación con el apoyo de su bastón, que sonaba con golpes sordos mientras se acercaba a la mesa de discusiones, tranquilamente, sabiendo qué decir. Se colocó en frente de todos los demás, retirando la manta de su rostro para pudiera observarle detenidamente. Echó un rápido vistazo al pequeño, que dormitaba pausadamente, ajeno a todo lo que se cernía sobre él y que todo aquél revuelo era por su aparición en el mundo. Una vez en plena comodidad, el anciano carraspeó y el lugar comenzó a llenarse con su grave y ronca voz.

Ha nacido de Eichi, quien era miembro de nuestro clan. ¿Cuándo hemos dejado que uno de los nuestros muriera o desapareciera si hemos tenido la oportunidad de evitarlo? ¿Vuestra ira os ciega tanto como para no recordar los antiguos mandatos? No podemos dejarle morir, ni tampoco dejarle al cuidado de cualquiera que pudiera desocuparse de él con el tiempo o de no ocuparse como es debido. No todos entienden el "Kikaichū no Iryoku"; el Poder del Insecto Destructor. Es una leyenda que se remonta al primer miembro del clan y debido a vuestra edad, podéis no saberlo.

Explicó con propiedad lo que era el Poder del Insecto Destructor. A cambio de un mayor y mejor control en el poder de los insectos, el espíritu se cobraba buena parte del poder físico de la persona, que si bien podía entrenarse, le costaría bastante más que al resto. Esto ocurría desde hacía décadas, pero entre unos y otros había tanto lapso de tiempo que pocas veces se encontraban y si lo hacían, uno era demasiado joven para ser entrenado y el otro demasiado anciano como para entrenar. Esa era la razón, según su relato, por la cual Aizen era tan diminuto y débil físicamente, aunque lloraba, se movía y comía como un niño cualquiera, con sus dificultades naturales. El mismo anciano alegaba haber conocido a uno de ellos hacía unos 100 años; ninguno de los presentes se atrevía a negarlo. Pero todo el sermón sirvió para introducir en los presentes una idea muy simple: la de mantener al niño tan cerca como fuera posible.

Y con esto sugiere que deberíamos conservarlo... — arremetió una última vez el abnegado padre.

Este chico puede convertirse en un arma definitiva o en el salvador de la humanidad. Como patriarca de esta familia no desperdiciaré la oportunidad que se ha presentado, así que supones bien; lo conservaremos. Pero no tú, ni la mujer que ahora mismo le sostiene en tu lugar. Será en nuestro reducto en mitad del desierto donde nos encargaremos de él. Vivirá en una instalación oculta durante su infancia y priorizaremos su entrenamiento como shinobi hasta que llegue el momento de presentarle oficialmente a la aldea. Y me tomaré la libertad de decirte, estúpido, que ya es tarde para arrepentirse y cambiar lo hecho. Convocando esta reunión has renunciado completamente a ser el padre de esa criatura, así que a partir de ahora Aizen no tiene familia. No tiene amigos. No tiene a nadie. — la mirada fija del anciano hizo que, inconscientemente, Reiken retrocediera unos pasos. — Simplemente las herramientas no tienen esa opción. — finalizó, colocándose de nuevo el abrigo y saliendo por la puerta al tiempo que otro hombre se llevaba al niño en brazos y salía detrás de él.

Capítulo III:

Aizen estuvo recluido durante 12 años en el interior de un bastión secreto ubicado en el País de la Tierra, pues pensaron que era la mejor manera de entrenarlo sin que ningún miembro del clan intentara matarlo. Se encontraba oculto dentro de una cueva subterránea entre grandes formaciones arenosas. Allí fue entrenado y adoctrinado bajo fuertes rutinas militares que le preparaban día a día con el fin de convertirle en alguien formidable y eficiente, aumentando así las posibilidades de que lograra transformarse en un shinobi temido y poderoso. Pero sobre todas las cosas, lo realmente importante recaía en el hecho de poder controlar su creciente poder que tenía, esperando que pudiera razonar y elegir el camino por su propia cuenta, manteniéndolo bajo control.

Creció dentro de aquella cueva sin una familia, distanciado de cualquier tipo de afecto, aprendiendo que su papel era el de seguidor, todo bajo las órdenes de su clan. Y a pesar de que nunca se sintió parte de ellos puesto que sabía que le consideraban una simple herramienta, no tenía nada más a qué aferrarse y decidió, desde una edad muy temprana, a servir sin rechistar, a cumplir sin fallar. Pero también sabía sobre la leyenda, que tanto le habían dicho. Tenía el poder y lo utilizaría dependiendo de su psicología, del bien y el mal que reinaban dentro de él. No tenía porqué obedecer siempre, ¿o sí?

No solamente ser fuerte y obtener poder debía ser el camino del ninja. También tenía personalidad y aunque se esforzaban por arrebatársela, todavía quedaban resquicios de ella, escondidos para evitar su extracción, evitar que le despojaran completamente de su humanidad.

...

El examen Genin del otoño del año 124 fue bastante prometedor. Los más jóvenes se reunían en la academia, buscando lograr el objetivo más inmediato, el honor más grande; obtener la banda ninja de la aldea. Los más jóvenes de los clanes más conocidos aparecieron primero, habiendo alguno que otro que decidiría probar suerte, aunque a duras penas podrían pasar la prueba, si es que lo conseguían, claro.

Daban las cinco de la tarde y la gran mayoría se encontraba ya reunida en los interiores de las aulas. A poco de empezar, una figura interrumpió en una de las habitaciones, logrando atraer la atención de todas las personas presentes por ser el último en entrar y no tener una indumentaria semejante a la de los demás miembros de Iwagakure. Aizen, ahora ya convertido en todo un adolescente, se adentró al lugar con una calma absoluta, como si se moviera por puro instinto. Sus verdes ojos inspiraban confianza en sí mismo y no era para menos. Lo habían entrenado durante años para pasar el examen, pero aquello sólo había sido la base de su entrenamiento, en realidad.

El joven tomó lugar en un asiento apartado, moviendo su túnica hacia atrás para que no le molestara en su asiento. Cruzó sus brazos y las piernas, cerró los ojos y mantuvo su natural serenidad. Era consciente de que lo miraban, pero a él no le importaba lo más mínimo; tanto sus miradas como ellos podían irse al infierno. O al desierto de donde él había salido, que era lo más parecido.

Los cuchicheos no tardaron en inundar la sala. Nunca nadie le había visto ni en la academia ni en las clases, por lo que a ojos de los lugareños era un total desconocido. Solo cuando estuvo listo, el clan Aburame le dejó salir de su encierro para comenzar su camino ninja. Consciente de que era una herramienta, vivía bajo órdenes, pero su existencia no se limitaba a cumplir con lo que a unas personas les parecía bien o mal; él podía tomar sus propias decisiones también. Hasta ese momento, su única tarea era la de ganarse una banda ninja, algo que estaba seguro de completar sin demasiada dificultad.

Asuhara Aizen, encantado — una fingida sonrisa afloró en su semblante, dejando ver unos blanquecinos dientes, una nariz respingona y unos vivos ojos verdes que ni la planta más cuidada podía igualar.

El Desierto por fin había despertado.

Descrpción Física

Aizen es un joven de 165 centímetros de altura. Tiene una complexión ágil y se ha tenido que dedicar a su cuerpo, así como a su mente para poder ser un competente shinobi, sin llegar a marcar demasiado músculo, sin embargo. Tiene la piel de los que nacen y viven en Iwagakure... O debería, aunque por estar la mayoría de veces cubierto, como muchos miembros de su clan, su piel es blanquecina.

Su cabello es liso, de color es azabache. Algunos mechones se deslizan sobre su rostro hasta la altura de la frente sin ningún tipo de problema para él. Sus ojos, sinceros y despiertos, son del color más verde de las hojas en primavera, aunque no pueden verse por unas gafas que siempre utiliza, de color negro. Su semblante presenta una nariz respingona y una boca pequeña. Su tonalidad de voz es suave y calmada, como venida de la tumba. Su risa, apenas inexistente, es discreta, disfrutando del humor como el resto, sin resaltar entre la multitud.

Suele vestir con ropas negras y grises que adorna con cintas o cinturones de cuero, así como bordes blancos. Viste una camiseta de color negro de manga corta, elástica y ceñida que mantiene atada mediante un cinturón que usa como hebilla la banda ninja de su aldea. Generalmente usa una túnica abierta y atada desde la parte de la cintura hacia arriba, además de tener tiras de cuero para una mejor sujeción y algunos remaches metálicos, que sirven más de adorno que como protección propiamente dicha.

Su pantalón es de color negro casi gris, con mayor brillo que el resto de su indumentaria, aún así es un color apagado. Lo que más destaca es que no utiliza unas sandalias ninja como el resto, sino unas zapatillas negras con remaches metálicos que son estéticos. Finalmente lleva unos guantes que no dejan ver sus dedos y que simplemente son parte del mismo traje.
PJ
Nombre del físico utilizado: Shiki
Anime/Manga al que pertenece: Togainu no Chi



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Última edición por Aizen el Sáb Ene 09, 2016 10:50 am, editado 1 vez
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Re: Ficha de Aizen

Mensaje por Mei Hatake el Sáb Ene 09, 2016 10:10 am

Ficha Denegada El avatar de tu perfil debe corresponder a tu apariencia en el foro. Si no puedes crear uno pon una imagen por ahora que yo o un miembro del Staff te ayudamos con esto por mientras no hay talleres, pero para que tu ficha este aceptada debes realizar lo ya dicho.
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Re: Ficha de Aizen

Mensaje por Aizen el Sáb Ene 09, 2016 10:52 am

El avatar de mi perfil, obviamente, es una broma. Pondré el que está en la ficha.
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Re: Ficha de Aizen

Mensaje por Mei Hatake el Sáb Ene 09, 2016 11:14 am

Ficha Aceptada
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