Naruto Reliquias Ninja


Cicatriz...[Mangekyo Sharingan]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Cicatriz...[Mangekyo Sharingan]

Mensaje por Naori Uchiha el Dom Abr 03, 2016 11:45 pm

Me encontraba en el cementerio de Konoha, frente a una tumba cubierta por flores blancas, flores que eran puestas por los jóvenes estudiantes de la academia, que una vez por semana adornaban las tumbas abandonadas con hermosas flores, y limpiaban los nombres de aquellos ninjas que habían muerto en batalla, o simplemente aldeanos de formaban parte de la aldea. Aquella tumba era la de Takeru, el joven Chunin a quien consideraba mi hermano, aun a pesar de aquel dolor que me había causado. Ya había pasado un año desde su muerte, desde que su venganza había causado que su juventud se viese estancada, en las profundas aguas de aquel valle. Los recuerdos de aquel dia regresaban a mi cada noche en forma de horribles pesadillas, impidiéndome olvidar y cerrar aquella cicatriz que me había provocado su partida. Lo que pasó después de su muerte, me era incierto. Solo recordaba haber despertado en la cama del hospital, escuchando los murmullos de las enfermeras, que hablaban de una posible emboscada, que había tenido suerte de salir con vida, y que probablemente Takeru había sido asesinado para protegerme. Que pensaran eso para mi estaba bien, esperaba llevar aquel secreto a la tumba, y que el recuerdo de Takeru prevaleciera intacto en los corazones de sus conocidos, como aquel joven que habría dado todo por su aldea. Solo yo sabría sobre su sed de venganza, sobre su odio hacia mi. Yo cargaría con todo eso, no compartiría ese dolor con nadie mas.

Mis lagrimas no se hicieron esperar, ellas caían sobre aquel nombre grabado en esa tumba. Mi hermano yacía en ese lugar, nada mas importaba. Ensimismada en mis pensamientos y recuerdos del pasado, omití por completo la presencia de otra persona en ese lugar. Había alguien mas a mi lado, limpie las lagrimas que aun quedaban en mis ojos, y con disimulo gire mi cabeza en dirección a esa persona. Había un joven de cabello castaño, con el uniforme de la aldea, en su brazo llevaba la banda protectora característica de Konoha, y en sus manos un ramo de flores amarillas, que posaba sobre una de las tumbas que se encontraban a unos cuantos metros de donde me encontraba. Sus ojos se veían tristes, al igual que aquella sonrisa que se asomaba en sus labios. Dejó las flores sobre la tumba, cerrando los ojos unos breves segundos, para luego girar hacia mi y sonreírme. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que había encontrado una sonrisa similar a la mía, una sonrisa llena de tristeza. Observaba al joven sin hacer mueca o expresiones en mi rostro, esperando que este se alejara, pero no lo hacia. Se mantenía de pie de la misma forma en que yo estaba, observándome. 

Di una ultima mirada a la tumba de Takeru, y comencé a caminar en dirección contraria, cuando pude oír la voz de aquel joven exclamando algo que hizo que mi corazón se estremeciera, logrando que unas lagrimas volviesen a caer de mis ojos cansados y tristes.

-Yo vivo con el dolor, que resuena constantemente en mi mente. Pero continuo adelante con esta cicatriz.-

Me voltee rápidamente, para encontrarme con una sonrisa sincera frente a mi, aquellas palabras expresaban exactamente lo que yo había estado sintiendo desde que Takeru se había marchado. De la misma forma que el, le regrese una sonrisa aun con lagrimas en mis ojos, una sonrisa de agradecimiento, por haber oído aquellas palabras que pensé nadie podría llegar a comprender.Por primera vez, sentí que el dolor que inundaba mi corazón, había traído consigo a una persona que se convertiría con el pasar de los días, en mi persona preciada, Arima. Cuando el me abrió su corazón, hablándome de aquel dolor similar al mio, de pronto sentí que no me encontraba sola. Pero, ¿seria capaz de dejar atrás esas lagrimas que había derramado y centrarme en la calidez que el me estaba entregando?. Me habían lastimado muchas veces, había llorado miles mas, pero aun me mantenía fuerte, incluso la tristeza que se observaba en mis ojos, reflejando la angustia y el dolor de mi corazón, se estaba viendo opacada por su sonrisa, y por la forma en que el me comprendía. 

Nuestros encuentros eran incontables, tratábamos de vernos cada vez con mas frecuencia y nuestras despedidas se volvían siempre interminables. Cada vez que cerraba mis ojos, podía observar su sonrisa, el se había convertido en la fuerza que me incitaba a avanzar. Siempre recordábamos el dolor del pasado, con nuestras visitas semanales al cementerio, cada uno observando la tumba de aquellos recuerdos que poco a poco iban quedando atrás. Arima era unos años mayor, pero eso no era un impedimento para lo que yo sentía por el. Realmente no estaba segura de si era correspondida o no, ya que ninguno de los dos se atrevía a dar un paso mas allá de una simple amistad, quizás por miedo a salir lastimados de alguna forma. Eramos tan similares, que quizás por eso el destino nos había juntado. Estábamos unidos por el dolor, algo bastante curioso. Lo que debía mantenernos alejados de todo el mundo, en una completa soledad, nos había dado la oportunidad de compartir buenos momentos, y de desahogar aquel dolor constante.

Todo iba regresando a su curso normal, mi vida se mantenía en un equilibrio constante, y no debí recurrir al uso de aquel poder maldito durante mucho tiempo. Arima mantenía mi odio controlado, y yo se lo agradecía de sobremanera. 

Una tarde, en una de nuestras tantas visitas al cementerio, noté en su voz y en su forma de actuar algo diferente. Su cuerpo estaba conmigo, pero su mente parecía divagar en otro lugar. Miraba sin mirar, respondía sin saber que estaba diciendo, algo en el andaba mal, algo lo estaba perturbando, y sentía miedo de saberlo. Toda la seguridad que había adquirido a su lado, estaba desapareciendo. Ese era el riesgo de ser una persona que acumula tanto dolor en su corazón, al mas mínimo cambio siente que su mundo se derrumba. Solo esperaba que lo que le sucedía no fuese mas que el haber tenido un mal dia.

Su mirada, que parecía no apuntar a nada, de pronto se posó sobre la mía, con una expresión de dolor en su rostro, lo que me hizo temblar levemente. Intentando ocultar la angustia que me causaba verlo de esa manera, esboce una débil sonrisa, esperando calmar lo que fuese que lo aquejaba. Notaba como sus labios trataban de abrirse, quería decirme algo, pero no era capaz de articular las palabras. Temí que fuese algo malo, y que seguramente lo estaba lastimando demasiado.

-Yo...-

Fue lo que dijo, mientras llevaba su mano a su pecho arrugando su ropa con fuerza. El temor que había sentido en ese momento estaba siendo justificado, algo no andaba bien, se notaba en su tono, en sus gestos, en su forma diferente de ser que no pegaba en nada con como era el realmente. Solo porque el era igual a mi, sabia que fuese lo que fuese aquello que debía decirme, era doloroso.

-No te preocupes por lastimarme, aunque me hagas sentir dolor, yo nunca te dejare, incluso aunque me rompas el corazón en el intento.-

Fueron mis palabras sinceras, pude ver como sus ojos se abrían completamente atónitos. Seguramente no esperaba esa reacción de mi parte, habían actitudes en mi persona, que no había mostrado del todo. Sus labios volvieron a moverse, esta vez las palabras salieron mas fluidas, el quería a toda costa explicarme que sucedía, y no seria yo quien impidiese que lo hiciera.

-Este dolor que siento, no puedo contenerlo, si sigo así explotaré de rabia. Y lo que menos quiero es dañarte.-

Sentí un leve alivio, aunque no lograba comprender a que iban esas palabras. Levante mi mano para acariciar su mejilla, pero fui detenida por su mano libre que me sujetó la muñeca con fuerza. Al parecer el contacto físico en ese momento no era del todo una buena idea. Una mueca de dolor se pudo notar en mi rostro, lo que hizo que el me soltará de inmediato. Era la rabia que sentía por aquello, lo que impedía que midiese su fuerza, al menos eso quería pensar.

-Solo quiero que sepas, que cargaré con esta cicatriz por ambos, antes de que esta maldita aldea te aplaste también.-

¿Era una despedida?, ¿Me estaba dejando?. Ya estaba sumamente confundida, si el se iba de Konoha jamás podría olvidarme de el, eso lo daba por sentado. Aunque lo que menos entendía, era su forma de referirse a la aldea. Su mirada se desvió de mi rostro, y comenzó a explicarme a que se refería. Había algo de el que yo no conocía, algo que debía mantener en secreto. Formaba parte de ANBU, y se le había encomendado atacar una pequeña aldea que se estaba volviendo fuerte poco a poco. El país del fuego se veía amenazado con aquellas aldeas que comenzaban a obtener poder militar, y no aceptaban el hecho de que lugares mas pequeños obtuvieran poder. Arima, sabía que muchas veces debían luchar por Konoha, pero jamás pensó que los actuares de los superiores englobaran ideales tan egoístas. Cubrí mi boca con mis manos, estaba horrorizada, siempre había pensando que mi clan era el maldito, que sus ideales eran los equivocados, cuando en el fondo, solo fueron influenciados por las ideas de guerra de quizás otras aldeas, incluyendo Konoha.

Sus ojos se llenaron de lagrimas, que caían incesantemente. Yo estaba dispuesta a seguirlo si su intención era marcharse y evitar así la orden que se le había encomendado. Mis sentimientos estaban unidos a los de el, y nada me haría cambiar de idea. La mano que presionaba su pecho bajo con rapidez, para sacar de su bolsillo un kunai.

-Ahora que lo sabes, espero que sepas que no todo es como aparenta. Esta aldea como tantas otras oculta oscuros secretos.-

Estaba preparada para lo que venía, mi muerte. Un secreto como ese proveniente de un miembro de ANBU no debía ser oído por una simple genin de konoha.

-Al fin de cuentas, todo termina aquí...-

Fueron mis palabras tras una sincera sonrisa. No había reproches hacia el, tampoco odio ni decepción. Al menos asi sería liberada de mi tormentoso pasado. Quizás no me reuniría con madre, porque en mis manos aun había sangre de otras personas, pero al menos no estaría en la soledad en que me había encerrado por tanto tiempo, y que volvería si Arima se marchaba. De pie frente a el, me mantuve quieta, esperando el filo de aquel kunai que acabaría con mi vida. Arima se acercó a paso lento, propinándome esa sonrisa que siempre recordaba cada vez que cerraba mis ojos. Con su mano libre acaricio mi mejilla. Moriría en las manos de la persona que amaba, de la persona que me había enseñado a superar el dolor.

-Parece en vano intentar mantener la paz en este mundo lleno de personas incapaces de ver mas allá de sus propias narices. Solo ten presente Naori, que en mi corazón cubierto de odio, siempre has estado y estarás tu.-

Mi ropa se tiño de rojo, mientras lagrimas caían sin tapujos de mis ojos. Un golpe seco en el césped, y el cuerpo de Arima tendido, mientras la sangre escurría de la herida que el mismo se había propinado en el cuello. Caí de rodillas observando sin comprender que lo que había sucedido era real, tratando de entender que había pasado. Mis rodillas se manchaban de sangre, los ojos de Arima poco a poco se apagaban, pero no la sonrisa de satisfacción en sus labios. 

Estaba escrito que mi vida se viera siempre manchada de sangre, mi cuerpo temblaba mientras sentía como el corazón que poco a poco se había comenzado a juntar, se despedazaba nuevamente. Aquel lugar que había idealizado, que había prometido proteger con mi vida, me había traicionado. Una lagrima color escarlata comenzaba a descender de mi ojo derecho. Sentía mi cabeza a punto de estallar, y nuevamente al igual que en ocasiones anteriores, sentía mi visión alterada. En el charco de sangre que Arima había dejado pude notar una forma extraña en mis ojos.

Comencé a llorar, golpeando con fuerza el césped, perturbando el sueño de aquellas almas que descansaban en el cementerio, y seguramente la de Arima también. Mientras el dolor y la rabia se apoderaba de mi, me prometía a mi misma continuar con los ideales que había mantenido, mantendría esta mentira hasta que llegase el momento justo en el que poder tomar venganza contra quienes me habían arrebatado todo.

-Ahora entiendo, lo comprendo mejor que nadie...-

Murmure con la cabeza agacha y cerrando mis ojos con fuerza. Estaba dispuesta a cambiar mi futuro, aunque este ya hubiese sido escrito con anterioridad, intentaría cambiarlo. Observé a Arima tendido en el suelo, sus ojos ya se habían apagado completamente, y con una sonrisa en mis labios le dirigí mis ultimas palabras.

-¿Quieres saber que hay en el futuro que ahora ven mis ojos?-

Lancé una pequeña risa, probablemente lo que estaba pensando sería lo que Arima querría, y poco a poco lograría completarlo. Seguiría simulando mi amor por la aldea, seguiría insistiendo en la voluntad del fuego, hasta que llegase el momento.
avatar
Clan: Uchiha
Genjutsu
Ninjutsu
Serpientes
Katon Raiton Clase A

Ryous : 18675 Mensajes : 216
Fecha de inscripción : 23/01/2016

Ver perfil de usuario
Chunin de Konoha

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.