Naruto Reliquias Ninja


Los callejeros [Misión C]

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Los callejeros [Misión C]

Mensaje por Yuffie el Dom Mar 13, 2016 8:05 am

Había decidido que aquel día me lo tomaría de relax completamente. No iba a hacer nada de nada. Quería que ese día fuera de esos en los que te relajas y no haces otra cosa que tomar el sol, el aire o simplemente duermes. Yo había decidido aprovechar aquel día de calorcito, algo raro en otoño, para tumbarme sobre el tejado de casa. Quería relajarme y no pensar en nada ni en nadie. Además, me dolía un poquito el brazo todavía del zarpazo que me había llevado un par de días antes y el entrenamiento del día anterior no había ayudado demasiado a arreglarlo. Así que, no había nada más que hacer lo que quería hacer.

No sé cuánto tiempo llevaría allí tumbada y relajada cuando una pequeña brisa se hizo presente. Esa brisa tan molesta, por muy pequeña que fuera, me hizo sentarme y mirar a todos lados. Me acababan de destrozar el momento de relax total. Suspiré y, de repente, oí algo que me hizo mirar hacia abajo. Un hombre asustado iba corriendo y le perseguía un perro de aspecto jovial. Fruncí el ceño pues aquello era muy raro. Bajé del tejado y el perro se puso a jugar conmigo.

-Señor, si tiene miedo a los perros no debería tener uno… -le dije jugando con el animal.

-No es mío… -me espetó molesto- ¿cómo quieres que sea mío si les tengo un miedo atroz? -me preguntó totalmente enfadado y continuó hablando cuando me vio rodar los ojos totalmente incrédula-. El perro es de la perrera, ese guardia estúpido ha dejado que se fueran con total libertad y, lo peor de todo, es que algunos tienen la rabia.

-Entiendo… -dije mirándolo con cierta esperanza-. Y ya hay algún shinobi encargándose del asunto, ¿verdad? -él movió la cabeza negando y yo suspiré-. Está bien, iré a atraparlos antes de que hagan algo que sea totalmente irremediable…

Bien, día de relax tirado a la basura y pisoteado para que entrase mucho mejor. Entré en casa, seguida por el perro, y agarré todas mis cosas: el fûma shuriken, los kunai y toda la cuerda de alambre que tenía a mano. Miré al perro y sonreí, para luego agacharme y acariciarlo. Era una monada pero no podía ser, dudaba que Lyan me dejase tener un perro en casa, lo dudaba tanto como que sonriera de corazón en todas las ocasiones que lo hacía.

-Lo siento amiguito… -suspiré- pero mi maestro es un ogro que no quiere animales…

Después de poner a Lyan por las nubes, salí de casa cerrando tras de mí y lanzándome a la carrera para devolver a todos esos perros a la perrera, antes de que hicieran algo que no pudiera remediarse. No tardé mucho en llegar a la zona donde estaban los perros correteando a sus anchas. Aquello parecía una batalla campal, sobre todo por aquellos que eran agresivos. Nada más llegar, uno de ellos se lanzó contra mí para morderme, pero el perro que estaba a mi lado se tiró sobre él para que no me mordiera. Bien, había hecho un amigo canino que estaba arriesgándose para protegerme de un animal que no estaba en sus cabales. Iba a hacer algo para parar la pelea, pero el perro agresivo se fue corriendo con el rabo entre las piernas.

-Bueno, uno menos… -sonreí a mi amigo cánido y me puse en medio de la batalla campal-. ¡Eh, chuchos sarnosos! -todos me miraron-. ¿Queréis jugar? -todos me miraron con mala leche y empezaros a seguirme corriendo.

Corría tratando de utilizar todo lo que hubiera por allí para esquivar los mordiscos. La idea era llevarlos hasta la perrera y estaba funcionando, pues al llegar muchos de ellos entraron por su propio pie, sobre todo los más dóciles. Así pues, solo quedaban los más agresivos y los que tenían la rabia. Me quedé mirándolos desafiante y, como era de esperar, me atacaron. En ese momento, desplegué la cuerda de alambre y comencé a atrapar a los perros de todas las maneras posibles. Hasta que no quedó ninguno suelto.

-Buen trabajo Yuffie -me dije a mí misma orgullosa viendo como se llevaban a los perros a encerrarlos. Pero no todos estaban encerrados, pues quedaba uno con rabia que no dudó en atacarme, sin embargo, fue mi amigo cánido quien saltó contra él-. ¡NO! -grité al ver que estaba peleándose. El perro rabioso logró morderle pero mi amigo consiguió dejarlo KO. Cuando habían terminado de pelear, me acerqué corriendo-. No tenías que haberlo hecho… -le dije triste pensando en que podría perder a un amigo-. Hay que curarte rápido…

-Has hecho un muy buen trabajo, kunoichi -me dijo alguien- y no te preocupes, nos encargaremos de que tu amiguito no contraiga la rabia, ¿vale? -asentí viendo como se lo llevaban.

-Curadlo… por favor… -me quedé allí parada viendo como se llevaban al animal. Era perturbador ver cómo un día tan relajante se había convertido en uno de los días más tensos de mi vida.


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