Naruto Reliquias Ninja


Problemas con animales, Mision rango C

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Problemas con animales, Mision rango C

Mensaje por Fisher el Sáb Mar 12, 2016 5:16 pm

Osos, una de las bestias más sorprendentes de todo el mundo ninja. Tan sorprendente que uno pudo atravesar el desierto y llegar a nuestra aldea, de cierto modo es gracioso, ¿Por qué un oso estaría en un desierto tan aburrido como este? Osea, ¿No tiene nada que hacer? Según yo, los osos deberían estar comiendo salmón a las orillas de algún riachuelo, entre árboles y muchos más osos… cómo en las caricaturas en las que andan en pandillas. Entonces, tocaron la puerta y al abrir se encontraba un pergamino sellado tirado frente a mi puerta.
- Esto debe ser una broma… - Musité aún somnoliento.
Acababa de despertar y la verdad no tenía muchos ánimos de mover un solo dedo por la aldea, incluso llegue a pensar que sería mejor quemar el pergamino y así liberarme de la responsabilidad, sin embargo, luego de recapacitar y releer la información hallada en el pergamino pude darme cuenta de la gravedad del asunto.
- ¡Mierda! - Exclamé
Enseguida, tiré aquel papiro no recuerdo dónde y me dispuse a prepararme para la misión << ¿!Dónde estará mi porta armas!?>> Me movía de un lado a otro buscando mis herramientas, al encontrarlos todos, tomé mi calabaza y Salí “volando” al encuentro de aquel oso, no sin antes tomar el pequeño paquete que venia adjunto a el pergamino …
- Maldito oso maricoso, te mataré porqué soy odioso… - Pause para pensar la rima - Oso, el oyo te destrozo -
-
- Oso… - No encontraba la rima… - Oso… … … Te mataré maldito -
El objetivo se encontraba fuera de la aldea. No recuerdo cuantas veces maldije al kazekage por asignarme dicha tarea, solo quería ir y acabar con todo, y para más colmo la misión especificaba claramente que no matará al puto oso. Debía satisfaces de alguna manera las ansias de sangre por haberme despertado a tan tempranas horas.
Me hallaba caminando pues por el basto desierto, que me arropaba con una calida brisa. El sol, ahora en su más alto punto, Hacia brillar con su luz las arenas desérticas que a su vez obstaculizaban mi visión. A pasos firmes y constantes, luego de unos minutos desde mi partida pude llegar al pequeño poblado. Una extensión un poco amplia con muchas casas y abastos, sin ningún tipo de fuerza ninja ni policiaca.
A medida que me adentraba por las calles del poblado, los habitantes de allí huían despavoridos del centro de la aldea. Gritos y mas gritos era lo que se escuchaba, Sin embargo, mantuve el paso hacia el epicentro del problema guiado por el rastro de caos que presuntamente eran del oso.
Llegué entonces, a una pequeña plaza con muchas flores y plantas frutales, entre estás, estaba el oso. Por mi mente pasaron miles de preguntas, como por ejemplo ¿Cómo hay plantas frutales en pleno desierto? Debía investigar más, sin embargo, el deber me llamaba…
- Que no PANDA el Cunico - Exclame, para continuar - ¿Entendieron? Que no… PANDA… El panda es un tipo de oso… -
Nadie entendia la sutileza de mi sentido del humor, ante tal chiste todos quedaron en silencio y no los culpo, era lógico que no entendieran ese chiste tan prodigioso. Luego de reirme de mi propia broma, continue a paso calmado hacia aquel oso que se hallaba solo justo en medio de la plaza, tenia un pelaje de color marron oscuro, medía aproximadamente dos metros pues se posaba en sus patas traseras, de grandes garras y unos ojos llenos de odio. al estar a unos 8 metros, esté paso de un estado calmo a uno agresivo advirtiéndome que me estaba acercando mucho a el. Un fuerte rugido fue su mayor argumento, mostrando con el sus imponentes fauces que destrozarían a quién osara molestarle.
Los habitantes de mostraban distantes, haciendo una especie de circulo alrededor de la plaza. Todo se hallaba en silencio, parecía ser un acto de circo o más bien, un coliseo romano, todos a la espera del derramamiento de sangre… ¿Quién moriría? ¿El hombre tal vez?
Nunca tuve intenciones de detener mis pasos en dirección de aquel oso, lo miraba fijamente a los ojos, como retándolo. Paso tras paso, sólo se escuchaban los alaridos de la bestia intentando infundir en mi el miedo. Al estar a unos cinco metros, el oso se abalanzó sobre mi, por mi parte, solo sonreí.
Movi mi mano derecha hacia la bestia que se aproximaba con velocidad, y fue allí, cuando de pronto, al arenas que se hallaban bajo sus pies saltaron de su reposo arropándolo con un manto que lo dejaría inmóvil, sólo su cara quedaría a salvo de aquel manto de arena para que su respiración no se viera comprometida.
- ¿Esto es todo…? - Exclame.
Todos quedarón en silencio por unos instantes, no creían lo que con sus propios ojos habían observado. El shinobi de la arena había neutralizado al oso con tan solo mover su brazo derecho, una proeza que quedaría para la historia. Luego de un momento, los aldeanos gritaban eufóricos de alegría porque su yugo había caído a manos del extranjero.
Me acerque más al oso que se hallaba a unos cuantos pasos de mi, y abrí una pequeña brecha en la parte trasera de aquel manto de arena. Debía inyectar al oso con el calmante, por lo que así lo hice… segundos después, cayo desmayado.
- Pronto han de mandar a alguien para que se lo lleve, mi trabajo aquí ha culminado… - Exclame.
Así pues, me dispuse entonces a volver a la aldea de la arena rápidamente, para realizar el cobro de la misión. Los aldeanos agradecidos intentaron darme algún tipo de recompensa por mis actos, sin embargo los rechace puesto que no era bien visto que lo aceptara…
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