Naruto Reliquias Ninja


Basta de maltrato [Misión C]

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Basta de maltrato [Misión C]

Mensaje por Yuffie el Jue Mar 10, 2016 6:02 pm

Había vuelto a salir de casa sin Lyan, sabía que tampoco quería que me quedase encerrada como si fuera una prisionera, él solo quería protegerme y cuidarme. Lo que quería era ir conociendo a la gente de la aldea y aprender a manejarme por el lugar con toda la tranquilidad del mundo. Desde que llegase a aldea solo había entrenado y hecho misiones junto con mi maestro, pero quería conocer más en profundidad el lugar. No iba a salir de la seguridad de la aldea, pero podía pasear y verlo todo.

En esa ocasión había decidido ir a la Academia Ninja, quería ver cómo era el lugar, qué ambiente había allí y, sobre todo, qué se hacía en aquel lugar. No tardé mucho en llegar a aquel inmenso edificio y lo miré desde fuera totalmente sorprendida. Sin demorarme más de la cuenta, entré y me quedé mirando todo el interior sin poder ocultar la sorpresa en mi cada. Tenía que admitir que me gustaba ese sitio y que había bastante gente por allí haciendo muchas cosas. Tenía que plantearme el ir allí un día y pasarlo haciendo cosas interesantes.

-Quizás hoy sea el día para hacerlo -murmuré y comencé a caminar por el lugar.

Todo parecía estar bien, todo parecía ir correctamente. Por lo menos hasta que oí un chillo. Me giré por inercia y vi que había una chica, más o menos de mi edad, con una niña, una pequeña niña de unos ocho o nueve años de edad. Al ver que la gente se arremolinaba a su alrededor, me acerqué y fue cuando me di cuenta de que la pequeña tenía la cara desfigurada. Por mi mente pasó una horrible idea, el recuerdo de mí misma cuando me dieron aquella paliza tiempo atrás. No me dio tiempo de escuchar nada sobre la pequeña, ya que se la llevaron rápidamente. El caso es que me quedé algo preocupada, pero tampoco podría hacer grandes cosas.

Me fui a casa dándole vueltas a la cabeza y cuando llegué pude ver una nota clavada en la puerta. Miré a mi alrededor y no vi a nadie. La agarré y entré en casa para prepararme algo para comer. Entonces, mientras hacía alguna cosita, leí la nota y fruncí el ceño.

-Neomi… -murmuré leyendo la nota- su madre Ainde la maltrata… -continué leyendo y abrí los ojos como platos al continuar leyendo-. ¿¡Qué la mate!? -suspiré-. Francamente, que una madre maltrate a su hija hasta el punto de dejarla moribunda o algo por el estilo… -bufé molesta-, no me gusta, no me gusta nada de nada.

La nota decía que tenía que ir por la noche a matarla, así que no haría esperar a mi víctima. Pero como todavía quedaban unas horas, me dediqué a prepararme y a limpiar un poco la casa. Me aburría un poco, pero tenía que hacer hora. Y así fue como pasó el día hasta que llegó la hora de cumplir con mi misión. Salí de casa y me fui directamente hasta la dirección que estaba marcada en la nota.

Era tarde, la gente ya se había ido a dormir, así que nadie me molestaría. Subí a un árbol que había al lado de la casa y me acerqué a la ventana para entrar sigilosamente. La ventana por la que había entrado daba a la habitación de una niña. La sorpresa fue tremenda cuando vi que la niña que dormía plácidamente en la cama era la misma niña que había ido a la Academia malherida. Algo me ardió por dentro, algo me devoraba las entrañas al ver a la pobre así. Suspiré silenciosamente y salí de su habitación para dirigirme a otra en la que había una mujer dormida. Tenía mal aspecto, como si hubiera bebido más de la cuenta, como si le importase todo bien poco. Bueno, ya éramos dos, a mí también me importaba bien poco matarla si con eso salvaba a la pequeña. Me acerqué a la cama y apestaba a sake. La miré enfadada de verdad.

-Libraré a tu hija de ti… -murmuré y me incliné sobre ella- ya no la harás sufrir más -esas palabras no salieron tan bajas, pues pretendía que ella se despertase y así lo hizo, pero antes de que pudiera reaccionar, ya tenía su cabeza enterrada bajo la almohada-. Debes saber que quien hace daño, acaba saliendo dañado -le decía sintiendo cómo su vida se iba apagando poco a poco. En un momento de "energía", consiguió arañarme en la mejilla haciendo que un pequeño reguero de sangre saliera de la herida. Entonces… dejó de respirar-. Ya esta… -murmuré y la coloqué sobre la almohada para que su muerte pareciera natural

Era la tercera persona que mataba y, francamente, había sido la que más alegremente había matado, pues no para mí no era normal que una persona hiciera daño a un ser querido porque no sabe controlar sus instintos. Salí por la ventana y volví a mi casa para tratar de dormir… si es que la conciencia me dejaba hacerlo.


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