Naruto Reliquias Ninja


Guardaespaldas [Misión C]

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Guardaespaldas [Misión C]

Mensaje por Yuffie el Jue Mar 10, 2016 12:27 pm

Y otra vez que estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Por ir hacia el puesto de ramen a comer algo mientras Lyan volvía o no de dónde quiera que estuviera, había pasado cerca de una señora que me paró y me preguntó por mi relación con el tema de lo sucedido en el banco un par de días antes. Por algún motivo no me salió el mentirle y decirle que no tenía nada que ver con eso. Así que se encaramó a mi brazo y me hizo caminar a su lado obviando mi cara de sorpresa.

-Fuiste muy valiente el otro día en el banco -decía mientras la miraba de reojo- por eso te he encomendado una misión -me sonrió.

-¿Ah sí? -le pregunté atónita-. ¿Y por qué iba a hacerlo? -le pregunté sin alterarme.

-Porque te recompensaré sustancialmente -me dijo.

Me paré y la miré. Por mi mente pasaron los recuerdos de mi infancia, ese tiempo en que me había dedicado a tener que robar para sobrevivir, que había tenido que hacer trabajos variados para llevarme un trozo de pan al estómago. Claro estaba que siendo tan joven había recibido muchos tipos de propuestas para sacar dinero, pero nunca habían logrado que hiciera ciertas cosas, ni lo lograría nadie. Me había prometido a mí misma que no volvería a trabajar para nadie ni haría según qué tipos de trabajo, y menos desde que vivía con Lyan en aquella aldea, pero me estaba tentando demasiado la señora aquella.

-¿Qué tengo que hacer? -le pregunté con la seriedad que me caracterizaba desde hacía unas pocas semanas.

-Me alegra que hayas recapacitado -me dijo sin borrar la sonrisa de su boca-. Pues quiero que me acompañes a la joyería a por mis joyas y luego me lleves a mi casa.

-¿Y no tiene a nadie que la acompañe? -le pregunté caminando a su lado.

-Claro que sí, pero prefiero que me acompañes tú… -seguía sonriente y su sonrisa se amplió cuando me oyó suspirar.

Se veía que estaba satisfecha porque había conseguido su objetivo. La miraba de reojo y podía ver que era de esas que son capaces de hacer una pataleta para conseguir lo que quieren en su vida y en ese momento seguro que estaría eufórica por conseguir sus deseos sin muchas quejas. Realmente no perdía nada por hacer aquello, pero tampoco me entusiasmaba la idea de tener que pasear con una persona a la que podían matar con un simple ataque.

Bueno, la cosa estaba en marcha, caminábamos la una al lado de la otra, yo un poco más atrás que ella, y sin hablar demasiado entre nosotras. La joyería no estaba muy lejos, así que no tardamos mucho en llegar. Al entrar, me quedé paralizada pues nunca había visto tantas cosas brillantes juntas. Suspiré otra vez, y, de pronto, me encontraba saliendo de la tienda y caminando al lado de la chica otra vez. Había sido muy raro, pero bueno, tampoco me quejaría. Quizás aquellos brillos me habían desconcentrado y no me había percatado del tiempo.

-Bueno -dijo ella tranquilamente- no tardaremos muchos en llegar a casa.

Asentí en silencio mirando a todos lados. Sin darme mucha cuenta nos habíamos metido en una zona bastante peligrosa de la aldea. Me extrañaba mucho que en un lugar como aquella aldea pudiera haber peligros semejantes, pero los había. Y no tardamos en darnos cuenta cuando nos vimos rodeadas de varios tipos con ganas de gresca.

-¿Qué hacen dos niñas tan monas por aquí solitas? -preguntó uno mirándonos fijamente y sonriendo- ¿no sabéis que pueden robaros y violaros? -los otros se rieron.

-Mira, chaval, llevo un día bastante tenso y largo -le dije- así que será mejor que te largues de aquí y te pierdas un rato.

-Mira, niñata, de mí no se ríe nadie ¿te enteras? -me preguntó molesto, tanto que parecía que le saldría humo por los oídos.

Sonreí y agarré a la chica del brazo para salir de allí. Entonces trataron de pararnos y uno de ellos tuvo la osadía de tocarme. Lo miré con mala cara y le hice una llave para dejarlo KO. Los otros trataron de atacarme y luché con energía para dejarlos totalmente KO.

-¿Ves? -me dijo ella- eres muy valiente.

-No, solo es que tengo al mejor maestro que pudiera tener en mi vida -dije sonriendo de una forma que hacía tiempo que no lo hacía-. Será mejor que lleguemos a tu casa y te quedes tranquila allí.

Dicho eso, nos encaminamos hacia su casa, una casa bastante amplia y que parecía ser un lugar llego de lujos. Lujos que yo no quería ni ver, pues era feliz con mi vida de shinobi junto a mi maestro. Eso sí, acabé llevándome un pequeño broche con la forma de la hoja, insignia de la aldea.


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