Naruto Reliquias Ninja


Entrenamiento......

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Entrenamiento......

Mensaje por Akabane Orochi el Miér Mar 02, 2016 9:23 pm

jutsu:

RESURRECCIÓN DEL MUNDO IMPURO (口寄せ・穢土転生, KUCHIYOSE: EDO TENSEI)
TIPO: EDO TENSEI A
DESCRIPCIÓN: ES UNA VARIACIÓN DEL JUTSU DE INVOCACIÓN QUE PERMITE AL USUARIO TRAER PERSONAS MUERTAS DE NUEVO A LA VIDA. PARA PODER LLEVAR A CABO LA RESURRECCIÓN DE LA PERSONA MUERTA ES NECESARIO TENER EN PRIMER LUGAR UNA MUESTRA DE ADN, PERO DEBE SER UNA CANTIDAD CONSIDERABLE DE MATERIAL GENÉTICO YA QUE SI NO SE TIENE EL SUFICIENTE NO SE PUEDE LLEVAR A CABO, OTRA COSA QUE SE REQUIERE ES EL SACRIFICIO DE UN SER HUMANO VIVO EL CUAL VA A SERVIR DE RECIPIENTE PARA EL ALMA DE LA PERSONA QUE SE ENCUENTRA EN EL "MUNDO PURO" (净土, JŌDO), ES DECIR, EL MÁS ALLÁ. DESAFORTUNADAMENTE ESTE JUTSU NO PUEDE REVIVIR A QUIEN NO ESTÁ EN DICHO MUNDO. AL TENER TODOS ESTOS REQUISITOS EL USUARIO PONE EL ADN ADQUIRIDO SOBRE UN PERGAMINO ESPECIAL EL CUAL LUEGO DE HABERLO PUESTO JUNTO CON UN POCO DE SANGRE DEL MISMO USUARIO, SE CREA UN ESPECIE DE DIAGRAMA EN EL SUELO, EN DONDE EL SACRIFICIO QUEDA EN EL MEDIO DE UN CIRCULO DONDE ESTÁ LA SANGRE DE LA PERSONA QUE SE QUIERE REVIVIR. MÁS TARDE UNAS CENIZAS O POLVO COMIENZAN A CUBRIR EL CUERPO DEL SACRIFICADO HASTA QUE TOMA POR COMPLETO LA FORMA DEL RESUCITADO TRAYÉNDOLE DE NUEVO AL "MUNDO IMPURO", OCULTANDO EL CUERPO DE LA PERSONA ORIGINAL, AL FINAL EL CUERPO DE LA PERSONA ES ALMACENADO DENTRO DE UN ATAÚD, DESPUÉS DE TODO ESTO EL USUARIO PUEDE CONVOCAR EL CUERPO EN CUALQUIER MOMENTO HACIENDO QUE APAREZCA DEL SUELO DE REPENTE.
DESPUÉS DE QUE EL INDIVIDUO HA SIDO CONVOCADO Y DESPERTADO, EL INVOCADOR PUEDE OBLIGAR AL INDIVIDUO A IR CONTRA SU VOLUNTAD MEDIANTE EL USO DE UN TALISMÁN ESPECIAL, QUE SE ADJUNTA AL FINAL DE UN KUNAI Y SE IMPLANTA EN EL CEREBRO. AL IMPLANTAR EL TALISMÁN, EL INDIVIDUO RESUCITADO SE REGENERA AUN MÁS, ELIMINANDO CUALQUIER IMPERFECCIÓN RESTANTE Y RESTAURAR EL COLOR A SUS CUERPOS Y SU ROPA. LOS TALISMANES PUEDEN VARIAR SEGÚN LOS DIFERENTES GRADOS DE CONTROL.
CHAKRA: -10 POR CUERPO REVIVIDO
LIMITACIÓN: MÁXIMO 5 CUERPOS REVIVIDOS POR COMBATE/TEMA
POSTDATA: LOS NINJAS REVIVIDOS TIENEN LOS MISMOS STATS DE CUANDO MURIERON. NO SE LOS PUEDE ENTRENAR.
Salve, oh tú, noche serena, que al mundo velas augusta, y los pesares de un triste con tu oscuridad endulzas. A lo lejos los diablillos murmuran, y las rojizas paredes el eco pecaminoso y armonioso susurra. ¡Fiesta Fiesta! vocifera un grupo de diablos, ¡Victoria Victoria! otros vociferan, como lobos aúllan en luna llena, gozosos y felices por el gran botín de carne fresca. Cóctel de castas, kaguyas por allá, Jashinistas acullá; y lejos de los suyos el arconte Akabane en su mesa yacía sentado, allí, en lo mas recóndito del recinto, donde la luz de las lamparas apenas alcanzaban. A sus costados, rodeando la mesa, sus esclavos a mordidas se comían, drogados, llenos de lujuria por aquel licor del pecado, intentando como perros salvajes apaciguar el frío que les abatía, frío que desprendía como un abrazo maldito el cuerpo de su amo y la noche del viento. Todos se regocijan en tu calma, ¡oh noche!, buscan, y aun las lágrimas tus sueños al desventurado esclavo enjugan. ¡Oh qué música se escucha! ¡Oh qué grata oscuridad y tristura! La sangre cubre los suelos, y las penas mas desafortunadas llegan hasta los oídos de su alma oscura, caronte al fin, no puede evitarlo. Uno de los primeros en llegar, sentado desde hace ya rato, inmóvil cual estatua de piedra, atento, escuchando las conversaciones, las grandes historias de aquellos demonios que ya se han hecho un nombre. Las aguas ya fueron corrompidas ¡ hay! ¡hay! ¡hay! ¿Y donde quedo su guardián? ¡muerto ya esta! ¿Y qué hicieron los ángeles? ¡unos cayeron, otros con sus caras largas en el cielo se lamentan!. Eran tantas las conversaciones, tantos los elogios hacia ciertos miembros de algunas castas secretas, pero nada de aquello era suficiente para el mandatario Caronte, quería, deseaba información clave, que le sirviera para algo con lo que jugar. Pero nadie osaba acercarse-le, los suyos con él nada compartían mas allá de ver a los vivos abandonar el mundo, pero al solitario Caronte poco le importaba, tenía esclavos y ellos al contrario que sus hermanos de casta seguían sus ordenes, pero paciencia, ¡algún día eso cambiaría!, sino, ¡que un rayo partiera a los adoradores de Jashin! ¡Y que otro despedazara a su jinete y señor! -Parece que te diviertes, Akabane.- diría el viejo maestro y anciano, aquel cuyo deseo era hacerme su sucesor. -Observa un poco mas, hoy pasaras la ultima prueba, antes de que revelados te sean los secretos de la vida y la muerte.- sonrió, alejándose entre la multitud de aquella taberna infernal. Parecían cantar entre tanto ruido, cada vez mas demonios a la celebración se unían, todos al parecer invitados habían sido. "Amigos" de castas se juntaban, chillando mientras gritaban algunas diablas como perras en calor. Yo prefería mas el silencio, como la muerte. Pero qué mas daba, allí estaba entre tanto ruido, esperando que algo divertido sucediera: no es que no le parecía divertida la fiesta, sino, que mas bien no era su estilo, ¿o si? Akabane parecía cambiar tanto de ánimo como de esclavos. Como casi todos los lugares de fiestas, La cueva de los condenados tenia siempre su cupo de chismosos de lengua venenosa. Unos ensalzaban con desmesurado elogio los premios que demonios como Abraxas y Thurda consiguieron, mas que esclavos, sus nombres resonaban aún en las voces de los muertos. Y ni se diga de la proeza alcanzada por Dumai, quien lleno de orgullo mostraba a todos su gran tesoro. ¿La verdad? no pude quedarme quieto, desde que había llegado se estaba hablando del tema, aún entre los caminos sombríos de del viento arenoso, pero lo había ignorado durante todo ese tiempo, por orgullo nomas, por envidia también. Por un momento me sentí sacudido por algún extraño sentido de regocijo al ver a la joven teñirse de sangre y presentarse, tan hermoso fue aquel momento que la misma muerte elogió de seguro al propio Dumai, capaz de lograr aquello, no, no podía quedarme de brazos cruzados y solo mirar.  Me pare a prisa, la silla salio disparada por el acto, y mis esclavos observaron temblorosos. Camine hacia aquel llamado Dumai, él no me conocía pese a ser caronte, pero yo ya sabía su nombre... había durado tanto tiempo sin estar con los míos (cuanta hipocresía)... -La muerte en persona debe estar "bendiciéndote", Dumai, demonio de la casta Caronte. - y le di tres fuertes aplausos, como si estuviera feliz por su logro. Mire a la joven, Elemiah, la humana que había sido esclavizada por un caronte, cuyo regalo fue el de la inmortalidad., ¿Tendría ella la vergüenza de volver al cielo de esa manera, si es que llegase a escapar algún día? pobre angelito, pobre angelito. Se veía tan sumisa, tan frágil y tímida, me causo gracia, tanto que le regale una tierna sonrisa de oro. Me acerque lo suficiente, extendiendo mi diestra, queriendo tocarla, presa de la tentación, pero cohibí mi acto, por mi propio bien, alejándola, moviendo los dedos como un maníaco. Y posé mis ojos en su amo, diciendo: -Tres esclavos te daré, si sus mejillas me permites lamer, si sus alas me permites tocar y oler. Un trato justo, de caronte a caronte.- abrí mi boca, emocionado como un perro hambriento ante un hueso que no puede alcanzar. ¿Y de donde salieron aquellas emociones? no lo sabía, parecía poseso del conocer, como cuando un Jashin abre por primera vez un libro de magia negra, o como cuando una inuzuka abre sus piernas para recibir el mas glorioso placer, yo por mi parte, quería saber si aquel caronte permitiría tal trato, aunque, ya me iba haciendo la idea de cual sería su respuesta. Acerque mi rostro al de la nueva inmortal, tan veloz como una estrella fugaz, quería mirar sus ojos, y ver muy dentro de ellos por el sufrimiento que pasaba su alma pura, ¿O ya no era tan pura?. Tratándose de una humana que no tuvo mancha alguna, resultaría satisfactorio que ya fuese corrompida, pues yo había sido testigo, de que el mas puro también podría llegar a ser el mas maldito. El resultado final de una acción o incluso de palabras puede ser tan sorprendente como que una aguja pase por el centro del sol sin consumirse. Entre el comienzo y el final un juego de incertidumbre se desata, tomando como fichas a todo el que este en él. Fui tentado, no lo niego, aunque otra tentación llego por medio. Amenazante el Ahharu sus palabras pronuncio, desatando con ello cambios inesperados en lo que era de suceder. Sonreí ante su comentario, observando cómo sus acciones con la trono causaban en mí cierto odio inesperado, sí, el solo entrometerse en mis negocios fue un acto que atravesó de nuevo mi cenit orgullo. El Ahharu se perdió entre las sombras, sin saber lo que había provocado, probablemente su propia desgracia, y mi iniciación de nuevo con los Carontes. Entonces Dumai hablo, aceptando mi petición pese a lo ocurrido, la verdad y que esperaba una respuesta negativa por su parte, pero como ya lo he mencionado, el resultado final de cualquier plan esta sujeto a cambiar. Acerqué aún mas mi rostro hacia la trono, no se atrevía siquiera a mirarme, entonces pensé, por un momento; y vi, durante otro, su gran sufrimiento, y reí por ello, como el mas maníaco de los Jashin, luego me detuve, mirando al caronte. -¿Era esto lo que esperabas, Dumai?- pronuncie, con la certeza de que entendería a que se refería. Demonios de alto calibre se marchaban. -Había dicho tres esclavas, pero me parece que bajaste el precio debido al estado de tu esclava... ¿No puede sacar sus alitas verdad?- mis labios se arquearon en una sonrisa tras aquellas palabras en clave, observando luego a la trono, susurrándole al oído. -¿Puedes ver lo que vales aquí? Dime tu, seguidora de tu Dios supremo, ¿Tendrás la vergüenza de llegar al cielo de nuevo? ¿Y que dirán de ti? La trono que fue marcada por un demonio, por un Caronte.- entonces me retire de su oído, seguro de que Dumai lo hubiese escuchado. -Espero te diviertas con tu botin... Me pregunto si esto sera suficiente para eso que buscas- por supuesto, entendía la razón por la que Dumah la había llevado, mas que fama, como Caronte al fin, buscaba algo mas alto. Que todos le vieran de aquella manera gloriosa daba a pensar que algún día, quizás, pudiese elevarse de posición... -Espero no se te escape, y que con ello la fama que has adquirido también se marche.- Entonces empece a caminar, alejándome de Dumai y la Trono. -Porque ya no te verán como el el Caronte que esclavizo a la Trono, sino como al Caronte cuya trono se burlo  al escaparse  jm jm jm jajajaja, espero podamos vernos pronto Dumai, hay cosas que deseo compartir contigo, y otras que deseo saber.- y así me perdí de nuevo entre la oscuridad, logrando con ello nuevos acontecimientos presentes y futuros. -¿Lo has visto? Ellos ya han superado la prueba. Aquí, como sabes, todos somos demonios, o "ángeles" que han sido corrompidos. Por ello esta es una sociedad a parte, a la cual muy pocos tienen acceso, pues una vez que entramos, nos consideramos mas allá de los humanos. Ve y dirígete al país de la lluvia, sabrás que hacer para completar al fin los conocimientos de mi mas apreciada técnica.- diría, entregándome un papiro color negro. Entonces empece a caminar, abandonando a la suerte aquellos humanos que había tomado por esclavos y sirvientes, para que regresaran de nuevo a sus andanzas nocturnas. Tan solo me llevaría a uno de ellos.
Al dia siguiente...
Una densa niebla cubre los senderos del río estigio en el madrugado día en el país de la lluvia; y junto a ella, una leve llovizna cae del cielo como miles de flechas indetenibles. Dentro del bosque, bajo un techo de negras rocas provistas de musgos, oscuros también por el tiempo, el arconte y heredero del Edo Tensei descansaba. Los ojos del Caronte observaban idos, mientras que su mente pensaba profundamente en lo que en breves momentos haría. La oscuridad dominaba en el interior de aquella cueva, mientras que el cuerpo del cabeza raspada yacía sobre su cama de tierra rojiza, lentamente, despacio, fue cerrando sus parpados, el sentido de la audición se agudizo en ese instante, no había sonido alguno más que las gotas de agua que encontraban su destino contra el techo de la"casa" y el suelo. -Oscuridad, todo es oscuridad...-pensaba en silencio queriendo encontrar una respuesta que quizás nadie en el mundo sabía. Movió sus brazos para llevarlos hasta su abdomen, juntando sus manos y entrelazando sus dedos, sus piernas se juntaron a la vez que los talones de éstos chocaban entre sí. -Por qué... ¿Por qué la vida sigue luchando contra la muerte?- se pregunto como si no lo supiera; mientras, sentía que su cuerpo se sumergía cada vez mas en aquella oscuridad que cerrados sus ojos veían. La llovizna en el exterior ahora se hizo mas fuerte, se podían escuchar claramente las ramas de los árboles alrededor de la entrada a la cueva, sus hojas, cada parte de ellos se movían con el fuerte viento; ese sonido, lluvia, viento, y los árboles se unían en un concierto glorioso, mientras que el cuerpo del caronte parecía estar descansando en un profundo sueño, pero no, no estaba descansando del todo, estaba meditando en lo que había estando meditando una y otra vez hace cuatro días atrás. -Llueve... ahora más fuerte...- pensó en su silencio mortal. Lentamente comenzó a abrir sus ojos mientras que decenas de pensamientos venían y se marchaban con preguntas sin respuestas hasta el momento.  -Mi señor...- se escucho una voz entre las sombras, y otras tantas de aquellos que allí una vez fueron enterrados. El arconte se puso sobre sus pies, teñido su negro traje de la roja tierra. -Ven, acércate a mi.- dijo a la esbirro de ojos miel. Cuando esta se acerco, el caronte la estrecho entre sus brazos, aferrándose a ella como si fuese su amada, y entonces, lo insospechado para ella sucedió, su cuerpo fue envuelto por una gran cantidad de hilos negros, los cuales la alejaron para electrocutarla con una poderosa descarga de su elemento raiton. L había regalado el mas tierno abrazo de la muerte. -¿Cuantas veces he dicho que no me molesten cuando descanso?- Entonces apretó su cuerpo, quebrando hasta sus huesos. Ella era tan hermosa y sumisa, pero que mas daba, la había liberado, ahora se encontraba en el mas allá del mas allá, en el eterno descanso. Después de aquello el demonio de la casta caronte salio a las afueras, sintiendo como las gotas de agua resbalaban por su rostro oculto. El ultimo sirviente le siguió, solo para cumplir su ultimo deseo. Ya había aprendido todo lo que necesitaba aprender sobre la técnica maldita, sobre aquella ceremonia que debía regalar al mismo dios de la muerte. Corrí como diablo conjurado por algún hechicero, adentrándome sin temor al oscuro bosque mientras observaba como la lluvia cesaba. Me senté sobre una roca en las proximidades de viejas tumbas olvidadas, y fue entonces cuando la vía, una bella joven que parecía haber salido de mis sueños. Y comprendí que era a ella, a quien debía regalarle la inmortalidad. -¿A quien buscas por estos lares tan solitarios?- y propuse a levantarme, lentamente, poco a poco, sin perderle de vista, estudiándola como a un libro enigmático. -Una hermosa flor como tu...- busque con rapidez los alrededores cualquier vestigio de movimiento, solo estaba ella; y aquel sirviente oculto entre las sombras... -Tan sola- entonces note, de hecho, casi percibía por mis orificios nasales el perfume de la sangre que llevaba su vestimenta. -¿Alguien te ha lastimado? ¿Estas herida?- pregunte interesado, como si de verdad me preocupara. Y me le acerque, no mucho, curioso y sin aparente malicia; ella, se veía tan tímida, tan despreocupada de encontrarse conmigo. Una salvaje y desenfrenada sensualidad complaciente me envolvió al escuchar su voz. Una vez más, el vigoroso codazo de advertencia y a la vez de curiosidad me devolvió a la actividad. Había llegado con pies de plomo hasta la musgosa roca, y como un fantasma en pleno flote hube de alejarme con vitalidad recién descubierta. -Eh, nn... no. Solo me he caído sobre unas espinas. No estoy sola, se supone que un amigo mio me esta esperando o viene a buscarme...- respondió con una voz temblorosa. Acompañé sus mentiras con una débil sonrisa de comprensión, su miedo impregnaba el fétido ambiente, acompañaba en una impía danza al frío viento, ¿Cómo no notarlo?. Me seguí acercando con lentitud, inundado de místicas influencias vivificantes, y luego, cuando ella se dispuso a marcharse, una ráfaga de soledad volvió a invadirme, no, no debía permitírselo. -¿De verdad piensas irte sola por ahí? ya se te hizo tarde.- obviamente, ya era mas de media noche. -¡Quieto, quieto!... Por cierto, ¿Como te llamas?- vociferé a los cielos, con valía y voz de mando; se lo había dicho al esclavo que había realizado un ruido desde su escondite, desesperado por cumplir su misión. Y luego pregunte su nombre. Tranquila, o debo decir ¿Llena de temor a lo que pudiese pasar?, ambas cosas a la vez suena mejor. Ella, tan hermosa, entrecerrando los ojitos a modo de curiosidad, escudriñando al ser frente a ella, o no, era mas bien el lugar ¿O sus futuras y posibles acciones?. Yo también la escudriñe, mientras esperaba una respuesta, buscaba con mis condenados ojos el cuello de la joven, tan frágil, y sus hombros, tan rígidos, sus senos cubiertos por tanta tela, sus caderas y mas abajo sus piernas... ¡Oh! llevaba consigo unas botas militares, propias de un soldado; pero ni siquiera me inmute ante tal observación, al contrario, quede aún mas interesado, un soldado, que interesante. -Mi nombre es Kisara.- Y cuando de aquellos labios el sonido fue transformado en palabras al pronunciar su nombre, daría un paso al frente, despacio, atento. -¿Anjaa?- - Estoy buscando a...- -¿Sii?- dio otro paso al frente mientras el "cadáver" a su espalda hacía lo mismo. - un amigo...que venia conmigo. ¿Y tu como te llamas? ¿Por qué llevas esa mascara?- Entonces me detuve, estudiando la situación, tan hermosa, y tan vil mentirosa. -¡Quieto, quieto!- exclamé de nuevo, quedando en silencio; y luego sonreí de nuevo, ya cuando ella hubo terminado su corto discurso, ya cuando se atrevió a preguntarme quien era. No conteste a su pregunta de inmediato, debía ganárselo, y para ello debía aceptar mi juego, ya todo estaba planeado, si, lo había hecho tan a prisa que me pareció divertido. Elevé mi diestra a la altura de mi hombro, y chasqueando mis dedos, el cadáver que hace poco había conseguido se mostró saliendo al frente, con pasos arrastrados, como los de un perro herido. -¿No sera él, verdad?- comenté con un tono colmado de misterio. La joven negó rápidamente con la cabeza mientras daba un paso hacia atrás con tan solo ver la apariencia de aquel sujeto que, enfermo por una extraña enfermedad, deseaba la muerte con prisas; cosa que yo le había ofrecido luego de haberle dejado una insignificante recompensa a su pobre familia. El cadáver, como solía llamarle yo por su delgadez, dio varios pasos, cortos, elevando sus brazos a la altura de sus hombros, como si la conociera, queriendo abrazarla. -¡Quieto, quieto!- y se detuvo, sin bajar los brazos, con una mirada oscura, vacía; con un gutural liquido color negro surgiendo de su boca, deslizándose por su mandíbula, manchando su ensangrentada camisa. -Si no es el, entonces lamento darte esta noticia.- sonreí de nuevo bajo la mascara, mientras un relámpago estruendoso se escuchaba muy cerca, el cielo y el bosque mismo se iluminaron por un fugaz segundo con ciertos tonos azulados. En ese instante, el cadáver continuo caminando, pasando por el lado de la chica, no le haría nada, a menos que se tornara muy salvaje. -Después de ti.. la noche es larga y parece que pronto lloverá de nuevo.- ¿Mala suerte para ella? el solo hecho de tenerle tan cerca ya era de por si escalofriante, que lloviera ahora no le favorecía en nada, era el precio a pagar por la compañía de un Caronte, mal presagio fue el sonido del relámpago. A pesar de decirle que avanzara, la joven prefirió quedarse quieta, fue entonces cuando mis hilos buscaron su cuerpo a una distancia de cinco metros, los cuales la joven no pudo evitar, quedando atrapada en los hilos negros que yo había liberado. -Veras... El mundo es cruel, siempre estará en guerra, pero tu seras quien me abra las puertas, tu me servirás para cambiar de una vez por todas el mundo. A ti te otorgare la inmortalidad.- diría mientras sacaba un kunai y la acercaba con los hilos. Buscaba lograr ablandar aún mas su corazón, hacerle ver una "realidad" que a lo mejor ella no quería ver. -Sabes, creo que tu amigo se fue y te dejo sola. La verdad, tengo mucho tiempo por estos lares y no he visto a nadie mas que a ti. ¿Tan importante es el para ti, que le buscas aún en la noche mas oscura y fría? debes quererlo mucho, pero... ¿te querrá el en las mismas condiciones?, de ser así, dudo que te aya dejado.- agregue, poco a poco, a lo mejor las dudas se iban sembrando en su subconsciente, hasta que llegara el momento en que florecieran y su voluntad de buscarle se desplomaran, entonces, entre llantos ella abrazaría su mas profunda soledad, y desearía, quizás, correr a mis brazos. -¡Si, el me ama, idiota!- Tenía todo un arsenal de armas tácticas, de no funcionar una, utilizaría la otra, y todas en cadenas al fin y al cabo lograrían un resultado. Las primeras gotas de agua empezaron a caer, muy pocas la verdad, pero pesadas, y yo, sonreí ante la agitación del mas frío viento nocturno. Y mi mirada se quedo fija en su cuerpo, como el ojo hipnótico de la luna observando la tierra. Y sonreí con su respuesta, como si de verdad ella pudiese mentirse a sí misma para siempre, tarde o temprano, entendería la pura realidad de existir, de buscar... de amar para siempre. -Tan solo serán unos minutos...- le diría mientras enterraba la punta filosa del arma en su corazón, preparándola tras su muerte para el ritual. Segundos después, aquel que se había ofrecido como voluntario, todo por una paga considerable, se acerco para arrodillarse mientras mis manos danzaban en varias secuencias de sellos. La energía fluyo desde mi cuerpo hacia la tierra y los cuerpos; la muerte allí estaba presente, observando como le regalaba un alma a cambio de inmortalizar otra. La energía, como en todas las veces anteriores en las que había realizado algún jutsu nuevo siguió su curso para lograr su tare. Desde el suelo los símbolos y las sombras emergieron producto de toda la energía depositada. Alrededor de ambos, unos círculos empezaron a brillar mientras desde los bordes oscuros que le decoraban emergían unos blancos papeles, los cuales empezaban a cubrir los cuerpos, desde los pies hacia la cabeza. Escuche los gritos de aquel muerto en vida mientras el alma le era arrebatada por los brazos de la muerte, escuchaba sus ultimas respiraciones antes de que arrebatada le fuese el espíritu; y entonces vi, como el cuerpo de la joven yacía inmóvil en el suelo, mientras los níveos sellos que cubrían los cuerpos comenzaban a desprenderse, cayendo al suelo. Saque un kunai de la oscura vestimenta, y ate al agujero de su empuñadura un hilo amarrado de un extraño sello rojo, cuyos símbolos inscritos era un secreto solo sabido por mi. Adentre el arma junto al sello en su cabeza y, realizando un ultimo sello de mano, di por terminado aquel ritual antiguo. La vi perdida, como sino recordase lo que había pasado. Y entonces recordó, y se alejo de mi presencia varios metros mientras veía su propio cuerpo. -Tu... tu me mataste, lo recuerdo.- diría mirando sus manos bajo las gotas de lluvia. -Así es, y te he regalado la inmortalidad como un regalo de mi parte. Ahora ve, corre todo lo que quieras y salta desde cualquier parte, jamas morirás ni envejecerás. Podrás amar para siempre a quien desees, tu belleza jamas se perderá con el tiempo.- respondería mientras le daba la espalda y empezaba a alejarme del lugar mientras me quitaba por primera vez la mascara, abandonándola en aquel bosque impío para siempre. Una sonrisa se dibujo en mi rostro, cuando escuche las gracias de aquella joven...
avatar
Clan: Jiongu
Ninjutsu
Fuinjutsu
Edo Tensei
Doton Raiton Clase A

Ryous : 7550 Mensajes : 185
Fecha de inscripción : 17/01/2016

Ver perfil de usuario
Chunin de Suna

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.