Naruto Reliquias Ninja


El maestro de tu maestro | Entrenamiento | Priv. Yuffie | Parte 1

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El maestro de tu maestro | Entrenamiento | Priv. Yuffie | Parte 1

Mensaje por Lyan el Jue Feb 25, 2016 10:01 am

El tiempo pasaba y con el correr de los días se me hacía cada vez más normal el verme acompañado durante mis entrenamientos, la presencia de Yuffie  era algo que asimilaba mejor cada vez, volviendo lentamente a la rutina, solo que con ella incluida en la misma. Todas las mañanas iba a entrenar, acompañado por ella, y me pasaba la tarde entrenando y ayudándola a entrenar también. Sus progresos eran lentos pero notorios, el talento que presentaba para el combate cuerpo a cuerpo, sumado a su habilidad para abrir las puertas internas, convertían a mi pequeña alumna en toda una promesa para el Taijutsu, además de que su habilidad con el Ninjutsu tampoco era mala. Si bien el Genjutsu no se le daba bien esto se podía manejar, tampoco buscaba que fuera una prodigio en todas las disciplinas, después de todo el arte de la ilusión era especialmente difícil de manejar, mi trabajo recaía más en darle las herramientas necesarias para que no tuviera problemas al enfrentar a algún shinobi usuario de Genjutsu, ampliar su capacidad de percepción para que le fuera fácil percatarse de cuando se encuentre dentro de una ilusión y enseñarle a aprovechar estas situaciones o simplemente a salir de ellas. Si, me quedaba un largo camino por delante hasta que Yuffie se convirtiera en una kunoichi capaz de sobrevivir por su cuenta allí fuera.

Era temprano, y luego de haber despertado a mi inquilina para desayunar ella y yo ya nos encontrábamos de camino a los campos de entrenamiento, al igual que todas las mañanas. El día se presentaba como uno de temperaturas agradables, con el sol apenas asomando en el horizonte y calentando de a poco las calles frías producto de la larga noche que había pasado. Otoño era una temporada fría en Konoha, obviamente no tanto como el invierno en sí, pero que requería de llevar algún abrigo entre las prendas de uso diario. Mientras caminábamos por las calles de la aldea mis manos se mantenían resguardadas dentro de los bolsillos de la chaqueta negra que llevaba puesta, unos pantalones también negros y un par de botas del mismo color mantenían la parte inferior de mi cuerpo igualmente protegida del frío, pero de todas las prendas que llevaba integradas ese día había una que llamaba especialmente la atención: Unas orejeras negras que poseían un adorno que simulaba unas orejas de gato sobre mi cabeza, un regalo por parte de mi auto-proclamada hermana mayor, la encargada de la biblioteca. Estas orejeras no me molestaban para nada, lo único que veía era su uso práctico, pero obviamente para el resto mi imagen con ese curioso aditamento podía llegar a ser algo cómica, después de todo no todos los días se veía a un muchacho de cabello rojo con un parche, poseedor de una neutralidad en sus gestos prácticamente absoluta, con un par de orejas de gato sobre la cabeza. Era un espectáculo poco común en Konoha, razón por la que más de uno se frenaba un segundo al vernos a Yuffie y a mi pasar, susurrando algún comentario respecto a mis orejas.


- Yuffiebuscaría llamar la atención de mi alumna mientras ingresábamos en el bosque cercano a nuestra zona de entrenamiento, hablando con la boca tapada por una bufanda que me cubría hasta el tronco de la nariz.- Hoy me toca meditar, no podré ayudarte en la práctica de Taijutsule comenté mientras ingresábamos al claro en el cual acostumbrábamos entrenar, donde me acerque a paso lento hasta el centro, esperando poder sentarme para comenzar con mi meditación, aún con las orejeras puestas y, en consecuencia, con esas orejas de gato sobre la cabeza.

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Re: El maestro de tu maestro | Entrenamiento | Priv. Yuffie | Parte 1

Mensaje por Yuffie el Jue Feb 25, 2016 9:19 pm

Hacía ya un tiempo que había llegado a la aldea por lo que también hacía un tiempo que no estaba sola. Los últimos años habían sido años de soledad y supervivencia a base de ingenio y velocidad, pero la cosa había cambiado y tenía que aprender a sobrevivir a base de disciplina y aprendizaje. Gracias a Lyan era capaz de hacerlo y estaba aprendiendo más de lo que hubiera podido imaginar. Los entrenamientos eran duros, sí, pero estaban dando sus frutos. Cada día me sentía más fuerte y mejor conmigo misma, a pesar de aquel pequeño incidente que me podía haber costado muy caro.

Como cada mañana, Lyan me había despertado, bonita costumbre estaba calando dentro de mí: que me despertasen. Aquello era todo un lujo pues había conseguido poder dormir durante las noches de un tirón sin miedo a que nadie me matase. Cuando vivía sola tenía que procurar no dormirme del todo, podría decirse que dormía con un ojo abierto, pues nunca sabes qué puede pasar ni quién puede querer hacerte daño. Sin embargo, estando allí la cosa era totalmente diferente, podía dormir y descansar, cosa que agradecía debido a los duros entrenamientos. Bueno, cuando me levanté de la cama, fui a darme una ducha para espabilarme y a prepararme para entrenar como cualquier otro día. Desayunamos juntos y nos preparamos para partir. No me gustaba llevar aquellas prendas de abrigo, pero bueno, había que hacer caso cuando decían que hacía frío. Francamente, el haber vivido en la calle hacía que ese frío fuera una tontería, por lo que solo llevaba, por encima de la ropa, mi capa con su capucha. Aquella capucha era algo especial y tenía una forma también especial, pero las orejeras que llevaba Lyan eran demasiado… llamativas.

Tras un rato caminando bajo las miradas de muchas personas que, más que mirarme a mí, lo miraban a él, llegamos a la linde del bosque, la entrada que utilizábamos diariamente para entrar en los campos de entrenamiento. Lo miré cuando me habló. Debía decir que temía cada momento en que se dirigía a mí directamente desde mi "pequeña escapada". Caminé tras él escuchándolo mientras entrábamos a nuestro claro. Él se sentó en el centro y yo me senté frente a él, casi imitando su posición.

-Entonces… -le dije mirándolo al ojo, sinceramente, me alegraba no volver a ver el otro ojo- ¿qué hago yo? -le pregunté ladeando la cabeza-. ¿Tengo que pegarme contra los troncos? -volví a preguntar-. Ese entrenamiento es muy aburrido y tener que ir a correr sola es muy aburrido… -hice una breve pausa-, en definitiva, todo es muy aburrido hacerlo sola -suspiré.

Estaba segura de que Lyan seguía enfadado conmigo, le había desobedecido y eso no le gusta a ningún maestro, y para más INRI había estado a punto de sufrir algo muy duro, algo que, seguramente, no hubiera superado en mucho tiempo. Tenía claro que él quería protegerme, pero no sabía hasta qué punto estaría dispuesto a dar lo que fuera por mí.


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Re: El maestro de tu maestro | Entrenamiento | Priv. Yuffie | Parte 1

Mensaje por Lyan el Vie Feb 26, 2016 2:00 am

Luego de caminar unos pocos metros terminé parado en el centro del claro, me retiré la mochila que llevaba en la espada, dejándola a un lado, y me senté lentamente adoptando la posición de loto mientras intentaba comenzar a meditar. Me concentré, cerrando los ojos e intentando aislarme de todo lo exterior, pero antes de que pudiera comenzar siquiera a canalizar mi chakra la voz de mi alumna interrumpió mi práctica. Abrí los ojos, o bueno, el ojo que era visible para ella, y la mire frente a mí, sentada en el suelo en la misma posición.- No, hoy te entrenará alguien másle comenté para luego volver a cerrar los ojos, buscando nuevamente poder concentrarme para comenzar la práctica del día. Era obvio que luego de decir aquello Yuffie no se quedaría satisfecha, pero según sentía las explicaciones no estaban lejos, solo serían unos pocos segundos más y…- Tsk…chasquee la lengua al notar cierta sonido a mis espaldas, levantándome y sacando un kunai de mi porta-armas a una velocidad extrema, llegando con lo justo a bloquear el avance de un senbon que, de seguir su trayectoria, hubiera terminado incrustado en la primera vertebra de mi columna. Antes de que Yuffie pudiera hacer nada la detuve, colocando un brazo frente a ella a modo de advertencia de que no debía atacar.

- Debo admitirlo chico, vas mejorandoy dicho esto apareció, saliendo de detrás del tronco de uno de los tantos árboles que rodeaban la zona, un sujeto vestido con una capa negra con capucha, además de una máscara que cubría su rostro casi en la totalidad del mismo, dejando visible únicamente su ojo derecho.- Esta es la chica que ha estado viviendo contigo, ¿Cierto?de un segundo a otro el sujeto en cuestión había desaparecido, ubicándose a la derecha de mi alumna a tal velocidad que una imagen residual de él aún continuaba frente a nosotros.- Al verla entrar el otro día a tu casa decidí no pasar a vigilarte por un tiempo, no quería acercarme a la ventana de tu habitación un día y escuchar por accidente algún gemido por parte de ustedes dos, eso sería muy incómodo si luego les preguntaba la razón de tanto ruidoel muy idiota no era así, solo estaba poniendo a prueba a mi alumna, evaluando su actitud desde el principio. Era obvio que sabía quién era ella, incluso era posible que él supiera más de ella que yo mismo a pesar de ser la primera vez que cruzarían palabra.- Mira Lyan, yo no te juzgaré por ser un lolicon al que le gustan las enanas con pocos pechos, no compartimos gustos pero bueno, eso no importa, lo único que te digo es lo siguienteme abrazo por el hombro, a lo cual yo solo rodee el “ojo” en una clara señal de que sabía que lo que me fuera a decir no era nada más que una simple idiotez más.- Más les vale haber usado protección, no quiero imaginarme a esta pobre niña cargando con un vientre abultado cuando parece apenas poder con su propio peso con esas piernitasignorando sus palabras, pues sin importar que tratara de hacer que parara, él no dejaría aquella actuación hasta que Yuffie no pasara su “Prueba de fuego”, decidi pasar a lo que en verdad importaba.

- Sensei, debo continuar con mi prácticasusurré mientras deshacía el abrazo, sentándome de nuevo en el centro del claro.- Yuffie, él es mi sensei, y por lo tanto, también el tuyo. Hoy estarás bajo su tutelale explique a mi alumna, ya de vuelta en posición y con los ojos cerrados.- Sensei, recuerde que ella no soy yoese último comentario le dejaba claro a mi tutor que no debía de pasarse con los ejercicios o prácticas que le hiciera hacer a Yuffie, después de todo, como mencione, ella no era yo, así que no debía porqué ser sometida a un entrenamiento tan extremo y perjudicial para el cuerpo.

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Re: El maestro de tu maestro | Entrenamiento | Priv. Yuffie | Parte 1

Mensaje por Yuffie el Vie Feb 26, 2016 2:45 pm

Dijera lo que dijera no pensaba entrenar sola, eso era aburrido. Por eso, le pregunté sobre mi presencia allí, si no iba a entrenar con él, no quería entrenar sola. Pero su respuesta me hizo levantar una ceja algo extrañada. Aquellas palabras me hicieron pensar un poco, quizás el ya tuviera otra alumna, definitivamente estaba enfadado conmigo y había buscado a otra persona con la que pasar el día y que le diera menos problemas que yo. Mientras yo pensaba aquello, él se levantó y se defendió de algo que le estaba atacando. Como era obvio, yo me levanté y me preparé para pelear. Entonces, él me cortó el paso y lo miré viendo que estaba bastante tranquilo, por lo que entendí que no debía atacar a quien le había atacado.

De entre los árboles vino una voz y pronto apareció una persona, un encapuchado. Me percaté de que iba enmascarado y que solo se le veía un ojo, como a Lyan. Vamos que él también tenía un ojo raro… De pronto, la voz estaba cerca de mí. Miré a mi derecha y lo vi ahí parado mirándome.

-Un placer… -logré tartamudear. Fruncí el ceño al oír lo que le decía y levanté un dedo para decir algo, pero me quedé cortada cuando dijo lo de los gemidos y todo eso. Sentí como me ponía roja. Preferí mirar para otro lado totalmente avergonzada. Él siguió hablando de mí como si no estuviera presente-. Le estoy escuchando… -murmuré algo molesta, pero como si no me hubiera escuchado nadie pues él seguía hablando y metiéndose conmigo sin siquiera conocerme-, sigo escuchándole… -dije apretando los puños y conteniéndome las ganas de darle un buen golpe, más que nada porque seguramente para cuando quisiera rozarle, él ya me habría partido en dos. Miré a Lyan que volvía a sentarse a meditar. Abrí la boca un instante y me callé, pero me acerqué a él antes de que se evadiera del mundo-. ¿Vas a dejarme con este tipo? -le pregunté, pero él no me hizo caso.

Me quedé parada delante de Lyan que estaba ya meditando. Estaba claro que estaba enfadado conmigo, casi hubiera preferido tener que soportar a otra alumna antes que a su maestro. No lo conocía, pero con lo que había dicho de mí había sido suficiente, me había dejado claro que era un superficial y machista que odiaba a las chicas como yo. Resignada, pues ya había desobedecido bastante a Lyan, me acerqué a él y me paré mirando al suelo.

-Creo que no me queda otro remedio que estar bajo sus órdenes -le dije sin ocultar la molestia-. ¿Qué quiere que haga? -le pregunté sin mostrar nada más que indiferencia en mi mirada.


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Re: El maestro de tu maestro | Entrenamiento | Priv. Yuffie | Parte 1

Mensaje por Lyan el Sáb Feb 27, 2016 11:09 pm

Aquel sujeto de capa y capucha, que se había auto-proclamado como mi sensei con el pasar de los meses de entrenamiento, era de las personas más misteriosas que jamás hubiera conocido. Apareció un día, de la nada, aquella ocasión en la que me decidí a entrar en el templo Uchiha en busca del perdón de las almas de aquellos cuyas células fueron utilizadas para crearme. Él se presentó ante mí, atacándome, y al final del enfrentamiento simplemente se fue, dejándome en el suelo, completamente agotado después de haber luchado por horas sin pausa, despertando la segunda aspa del Sharingan en el proceso. Luego lo volví a cruzar más adelante, durante otro entrenamiento, y después de eso sus apariciones fueron cada vez más constantes, siendo siempre con la única intención de ayudarme a entrenar y luego volver a desaparecer, sin más. El misterio y el anonimato en el que se mantenía solo se rompió en una ocasión, aquella en que me mostro su rostro, desfigurado por quemaduras graves, y su capacidad de utilizar el Sharingan. En fin, lo único que sabía a ciencia cierta de él era que su sangre era Uchiha, y que sus habilidades se escapaban de las de un jounin, incluso dudaba que un Anbu fuera tan fuerte como él, aunque no le gustase demostrarlo.

Me senté de nuevo en el centro del claro, aislándome ya de una vez de todo lo que me rodeaba para comenzar con el entrenamiento. Ignorando las palabras de mi alumna dejé que mi mente se perdiera, concentrándome únicamente en el flujo de chakra alrededor de mi cuerpo. Era un ejercicio básico, pero a la vez efectivo, para aumentar los límites de mi reserva de chakra
.- Kaisusurré, juntando ambas manos frente a mí en el sello del tigre un segundo antes de que una gran cantidad de chakra comenzara a ser expulsada por cada poro de mi cuerpo, formando algo similar a una cúpula a mi alrededor. El entrenamiento consistía en vaciar por completo mis reservas, dejarlas en cero, razón de tal derroche tan repentino e innecesario de chakra. El mismo se arremolino a mi alrededor, recubriéndome cual fuego azul intentando consumirme.

- Parece que Lyan te ha dejado a mi mando, eh…escuché decir a mi sensei, algo curioso por saber si Yuffie sabría pasar su “Prueba” para que dejara esa actitud tan desagradable.- Bueno, pues déjame decirte que yo no soy tan blando como élclaro que no lo era, sus entrenamientos eran extremos, pero le había dejado claro que con Yuffie no se pasara.- Así que para calentar quiero 500 sentadillas, luego 300 flexiones de brazos y para terminar con el calentamiento le darás 50 vueltas a la aldeasí, eso estaba bien, de seguro ella podía soportarlo, después de todo no era tanto… o al menos, no tanto comparado con otras cosas que pudo mandarla a hacer, como escalar el monte de los Hokages con una sola mano y otras exageraciones que solo a él se le ocurrían para entrenar.

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Re: El maestro de tu maestro | Entrenamiento | Priv. Yuffie | Parte 1

Mensaje por Yuffie el Sáb Feb 27, 2016 11:38 pm

Aquel tipo podría ser quien quisiera ser, podría ser incluso el señor supremo de los ninjas si quería, pero a mí no me gustaba para nada. Me había demostrado ser un maldito machista y superficial y eso no me gustaba ni un poco. El problema era que Lyan me había dejado sola con él, es más, no había hecho más que sentarse y ya me estaba ignorando. Lo observé atentamente durante un instante viendo qué hacía. No sabía si sería capaz de llegar a lo que él sabía hacer, pero me encantaría ser tan fuerte como él. La cuestión era que me tocaba entrenar con el maestro de Lyan y, francamente, no quería hacerlo, pero no me quedaba otra.

-Eso parece… -le dije mirándolo con cierta arrogancia para demostrarle que era mucho más de lo que él podría llegar a pensar. Escuché su "advertencia" y suspiré-. No lo esperaba… -dije antes de que me dijera cuál sería mi calentamiento. Mientras lo iba diciendo, me empecé a poner algo nerviosa-. ¡Y qué…! -empecé a decir pero me callé mirando a Lyan, a quien bastantes problemas había dado ya-. Está bien…

Respiré hondo para prepararme para hacer todo lo que él me había pedido que hiciera. Sin más quejas, comencé a hacer las sentadillas. Poco a poco iba sintiendo como las piernas se me cargaban, aunque él pensase que estaba siendo benévolo, no era así, 500 sentadillas eran demasiadas. Simplemente, no me quejé, las hice tan rápida y perfectamente que fui capaz de hacerlas. Tras un rato, bastante largo, terminé. Lo miré fijamente y sin mediar palabra, apoyé las manos en el suelo y me posicioné para hacer las flexiones de brazos que me había pedido. Notaba las piernas cargadas todavía, pero no pararía de calentar, no iba a decepcionar más a Lyan, además, tenía que hacerme fuerte para que mis padres estuvieran orgullosos de mí. El rato pasó y terminé de hacer las flexiones.

-Ya está… -le dije sudando y agotada. Estiré un poco las piernas y los brazos y me dispuse a irme corriendo-. Nos vemos dentro de 50 vueltas…

Dicho aquello, comencé a correr alrededor de la aldea. Ir a correr sola podía ayudarme a centrarme más en el entrenamiento. La gente de la aldea me veía pasar y me sonreían alegremente. Algunos cuchicheaban sobre mí y sobre el hecho de que viviéramos juntos, pero no me importaba. Continué corriendo sin descanso, pasando por delante de mi maestro y su maestro, cada vez que terminaba una vuelta. Ya estaba terminando la última vuelta cuando me tropecé y caí a los pies del maestro de Lyan.

-Maldita torpeza… -murmuré poniéndome en pie. Estaba sudando y agotada, lo miré y esperé a que dijera lo que quería que hiciera-.


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