Naruto Reliquias Ninja


El unico que puede es el hokage [mision B]

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El unico que puede es el hokage [mision B]

Mensaje por R O H A N el Mar Feb 23, 2016 2:14 pm

Se encontraba en su oficina, el día resplandeciente auguraba buenas nuevas, o al menos eso pensaba el kage mientras leía algunos expedientes, no tenía muchas ganas de trabajar la verdad era que la noche anterior se había pasado de copas y una fuerte resaca le aquejaba, impidiéndole realizar cualquier tarea de manera adecuada. Únicamente había asistido a trabajar ya que no quería que nadie pensara que era un holgazán aunque realmente si lo fuera. Recordaba un poco la noche anterior, bellas muejres lo acompañaban, retándolo constantemente a beber mas y mas a lo que el siempre respondia con valor y responsabilidad, atendiendo a las jóvenes que le retaban aclarando que su recompensa seria una noche de pasión desenfrenada, a lo cual tuvo que atender sin meditaciones. Copa tras copa fue cumpliendo con las exigencias de las señoritas.

–aaaaaaaahhhh!!! Jajajaja!!! Que hermosas son las mujeres, en definitiva soy un hombre muy afortunado, muy muy afortunado!!!

Mencionaba el shinobi de cabellos blancos mientras se carcajeaba, babeando al recuerdo de aquella noche anterior. Poco a poco se iba tranquilizando, una jaqueca de proporciones descomunales le recordaba el mantener la cordura, puesto que con cada esfuerzo su cabeza parecía ser perforada por clavos que le partían en fragmentos el cráneo. Paro de reir y expreso en su faz la severidad que solo experimentaba al realizar un entrenamiento, o alguna empresa que requiriera de toda su concentración. se hallaba sentado en aquel comodo sillón tras su escritorio, lo había mandado comprar a una costosa mueblería, donde el mismísimo señor feudal del país del fuego habría comprado su trono. Inclino su cuerpo hacia adelante, sus codos sobre el escritorio, con las manos sostuvo su cabeza y quedanose quieto unos minutos bajo su brazo izquierdo para abrir uno de sus cajones, de este saco un bule viejo el cual contenia un par de litros de sake.

Abrió el recipiente y dio un prolongado sorbo el cual quemaría la garganta de cualquier humano que no contase con la resistencia del kage. Lo alejo de sus labios y expreso un placer disoluto, relajaba su cuerpo desde su paladar, amainando las sensaciones negativas que ahondaban en su cuerpo. La sensación de alivio le hizo recordar a aquel par de hermosas mujeres y todo el placer de haber estado con ellas, golpeo con ambas manos el escritorio con violencia, violencia desatada por el furor de aquellos recuerdos, miraba fijamente a la nada, en dirección a sus manos… se había dado cuenta de que había olvidado colocarse un brazalete que le había regalado una admiradora suya, probablemente también había olvidado ponerse ropa interior y la había dejado en las medulas de aquella amplia cama donde había despertado con dos bellezas; no lo sabía y era necesario confirmarlo, estaba decidido a partir cuando un par de golpeteos en su puerta se dejaron escuchar alertándolo para guardar compostura.

Hokage-samaaaa!! –menciono un joven chunnin, vigorosamente había entrado a la oficina después de haber avisado, su cara se mostraba llena de miedo, el temor surcaba su rostro a lo cual el kage reacciono con severidad. –que pasa nenki? Me inquieta tu manera de presentarte y la expresión de tu rostro no me dice nada bueno. –concluye el kage mientras escucha las palabras de aquel shinobi, el cual relata a detalle lo acontecido en los últimos minutos dentro de la aldea, probablemente a sus oídos no había llegado historia más perturbadora, realmente era algo que iba en contra de los ideales del hokage, sin embargo era su deber atender aquella situación tan incómoda, aunque realmente no quería repasar mucho la escena relatada tenía que encontrar la estrategia adecuada para no perturbar a los demás aldeanos. Finalmente se dispuso a partir en dirección al hospital de la aldea. No sin antes realizar una serie de sellos, convoco a su energía interna, la hizo emerger hasta el exterior de sus ser y al concluir aquella serie la dejo caer sobre el suelo dejando como resultado una estela de humo que mantenía oculta la efigie de aquel ser invocado, desde su interior emergieron unas palabras que solamente el kage pudo escuchar, soltó una sonrisa disimulada, sabía que aquel trabajo era el perfecto para aquel amigo suyo, así que sin pensarlo más salieron de su oficina.

Al parecer había un día pletórico, como lo anticipaba el sol que se encajaba para aquellos momentos justo al centro del firmamento celeste, en su recorrido por la aldea podía visualizar a jóvenes recorriendo las calles, a adultos conversar de manera placentera y educada, la vitalidad de konoha era envidiable, y cada día podía notarse la misma atmosfera amigable. Unos potentes saltos fueron suficientes para alcanzar el hospital que parecía estar sumergido en un ambiente algo turbio, el aire pesado, los rostros de los residentes evidenciaban la intranquilidad de su ser, el hokage entonces se dirigió hacia las medulas de aquel hospital, recorriendo los pasillos del edificio, finalmente llegado a la habitación donde se encontraba la fuente del dilema, tomo la manija de la puerta, empuñándola con indecisión, un aire helado recorría su ser; trago saliva y renovó voluntad, empujo la puerta para abrirla al girar la manija y se introdujo en la habitación.

La imagen era brutal, a pesar de estar bajo las sabanas aquella imagen era verdaderamente abrumadora; no perdió tiempo e hizo entra a aquel ser que había invocado; sus pies anfibios se posaron en el suelo de aquella habitación de un solo impulso mientras los sujetos en cama comenzaban a realizar movimientos extraños, queriendo incitar a los presentes, aquel anfibio los observo y sonrió, a diferencia del kage podía disfrutar de aquellas imágenes. –Gamakiri san… te lo encargo– concluyo el kage mientras el sapo correspondía con gestos exagerados, con sus brazos enviaba un beso al shinobi desde sus labios pintados. Acto seguido envolvió a ambos sujetos y dirigiéndose a estos como “linduras” salió del hospital en dirección a un refugio donde podrían resolver aquel acontecimiento. Salieron de aquel lugar a toda prisa, el sapo llevaba consigo a aquellos dos sobre sus lomos mientras sus movimientos le cosquilleaban, invitándolo a unirse a la fiesta, sin embargo un kunai lanzado a los pies del anfibio le cortaron el paso.

Un tercero en discordia se colocó frente a aquel grupo parándolos en seco mientras descuidadamente exponía su figura delante de aquellos tres. Un sonido seco se extendió por el ambiente, un golpe en seco hacia el abdomen de aquel personaje había sido suficiente para detenerlo, el shinobi de blancos cabellos habría escoltado al grupo, permaneciendo a la sombra para ejecutar aquel movimiento que por ningún motivo esperaría. Tomo a aquel tipo y lo llevo la hospital, después de que se recuperara tomaría las medidas necesarias.

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