Naruto Reliquias Ninja


La locura y el odio que nacen del dolor| mision B

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La locura y el odio que nacen del dolor| mision B

Mensaje por Koga Namikaze el Sáb Feb 13, 2016 9:22 pm

Era una tarde lluviosa en el país del fuego, las aves no asomaban los relámpagos se podían oír casi como si estuviesen cayendo sobre la cabeza de uno mismo. La lluvia caía y caía con más intensidad, cada vez las calles se inundaban más y más, cada minuto que pasaba miles de gotas de agua caían del cielo y golpeaban con fiereza sobre el suelo de aquel hermoso y esplendoroso país. La gente que había quedado en la calle, muy poca por cierto, se tapaba la cabeza con lo primero que encontraba, de lo contrario en cuestión de segundos quedaban inmersos en un mar de agua que los mojaba y enfriaba. Los locales se encontraban todos cerrados, aprovechando la lluvia los dueños habían decidido ir cerrando más temprano con el único fin de poder disfrutar de aquella hermosa lluvia junto a sus familias. Incluso se podía ver como mucha gente miraba por las ventanas aquel hermoso paisaje con aquellos enormes rayos que le daban en el nombre a aquel país.

Aun así se podía notar muchos movimientos en las calles de aquellos países, casi como en un día normal. Pero no era gente común y corriente eran shinobis… Los pies golpeaban los charcos de agua formados en los techos y levantaban mucha cantidad de agua. Un shinobi de pelo rubio se encontraba saltando entre techos mientras un pelirrojo lo seguía desde atrás mientras le lanzaba varios kunais que casi sin mirar el joven pelirrubio los esquivaba dando pequeños saltos para que los mismos queden clavados en los techos y no le den. Finalmente tras varios segundos, el joven se daría vuelta y comenzaría a atacar a aquel shinobi pelirrojo el cual al parecer era un personaje muy habilidoso y lograba repeler los ataques de aquel otro shinobi que tras ver como sus ataques eran repelidos volvía a escapar saltando entre techos.

Horas antes

El sol lentamente alumbraba aquella hermosa aldea que recibía el nombre de konohakure no sato. Ni una sola nube se podía observar en aquel basto y celeste cielo. Los niños veían interrumpido su sueño por los gritos de su madre, que tenían un único fin, despertar a aquellos jovencitos para que comiencen con su largo día de academia y aprendizaje. Los borrachos de la noche anterior, se despertaban por el simple hecho de sentir el rayo de sol golpear en su cara. La borrachera de la noche anterior no era gratis, con ella venia un gran dolor de cabeza y un sentimiento de revuelto en el estómago. Los shinobis comenzaban con su día, con su largo día de entrenamiento o de tareas, este es el caso de Koga que con los rayos atravesando su ventana y golpeando en su cara, abría los ojos para comenzar un nuevo día, un día que quizá tendría algo de distinto.

Todo era muy normal, el sol golpeaba en su rostro, el viento soplaba con suma tranquilidad pero hubo algo que ciertamente llamo la atención de Koga, a unos cuantos metros pudo observar como una pequeña ave con el símbolo de Konoha se acercaba hacia su persona. En un principio dudo, no sabía si era para él o alguna otra persona que se encontraba cerca, para asegurarse giro hacia todos los puntos cardinales pero no encontró a nadie. Sin pensar mucho estiro el brazo y lentamente el ave se apoyó sobre este, dejando que el joven Namikaze sacase el pequeño pergamino que tenía enganchado. Muy atentamente leyó su contenido, cuando una pequeña sonrisa comenzó a aparecer, tras esto cambio su destino rotundamente.

Ahora se encontraba viajando a toda velocidad hacia el bosque que se encontraba en las afueras de la aldea. Al parecer había un jounnin que tras algunos raros sucesos con su novia, se había vuelto loco y renegado de la aldea. No solo esto, sino que también se encargaba de asesinar a cualquier persona que pasase por aquel bosque y sea de konoha. Tenía un viaje de unos cuantos minutos, pero de una vez por todas había logrado llegar a aquel frondoso bosque. Era inmenso, no lo había cruzado muchas veces pero sabía muy bien que en aquel bosque pasaban cosas muy raros y que encima de todo, cruzarlo enteramente en un día sería prácticamente imposible. Para sumar, tenía que buscar al jounnin a lo largo de todo aquel bosque, las posibilidades eran infinitas.

Ya hace varios minutos que había entrado al bosque, nada pasaba. Ni una sola marca que indicase que aquel hyuga se encontrase solo. En ese momento fue cuando a Koga le cayó la idea, era un hyuga. Solo tenía que lanzar un gran ataque y el con su byakugan lo buscaría. A una gran velocidad comenzó a realizar sellos de mano y de su boca, un gran dragón de fuego partió hacia los aires, esquivando cada uno de los arboles sin problema alguna. Pocos segundos después, una figura de rojos cabellos apareció ante él. Daba perfecto con la descripción que se le había entregado en el pergamino, era el, su objetivo.

Sin darse cuenta, el joven Koga había activado una de las trampas de aquel experimentado shinobi. La trampa era una habilidad especial de aquel rojo personaje, que con su chakra se aseguraba que su objetivo quedase pegado al suelo. El hyuga se lanzó contra Koga, el pelirrubio comenzó a desesperarse. Una oleada de golpes daban en su cuerpo.

Mientras recibía los golpes, el joven Namikaze pudo observar como el hyuga portaba con mucho cuidado un arma. Esta arma llevaba una etiqueta, esta decía: destrucción de Konoha. Toda una estrategia comenzó a formarse dentro de su cabeza, mientras recibía mas golpes. Espero el momento adecuado, mientras acumulaba chakra en sus pies y se liberaba, poco a poco, de aquella trampa. En el momento exacto, cuando su enemigo se acercó a él para golpearlo, un clon salió de entre la arboleda y tomo el arma.

Ahora volvemos al principio, Koga corriendo con el arma en la mano por entre en los techos mientras el pelirrojo le lanza Kunais. Koga quería dejar el arma en investigaciones para de esa manera, averiguar de qué trataba aquella. Su enemigo lo impedía y se frenó para combatir de una vez por todas contra él. Sabía muy bien que no debía enfrentarse a un hyuga de frente, de lo contrario saldría perdiendo. Tenía toda una estrategia en mente, lo primero que hizo fue lanzar una pequeña bala katon contra su enemigo, que con un simple golpe la destruyo. Acto seguido, con un gran soplido levanto una gran cantidad de humo que dificulto la vista y en ese mismo momento una katana de fuego atravesó el pecho del huyga. Koga había logrado engañar al byakugan, un gran hecho para un gennin, ahora su misión había terminado y la aldea veía la paz nuevamente.
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