Naruto Reliquias Ninja


Doña pochola | mision rango B

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Doña pochola | mision rango B

Mensaje por Koga Namikaze el Jue Feb 11, 2016 4:00 pm

Era una mañana hermosa el sol alumbraba y daba calor, la gente paseaba por las distintas calles de aquella esplendorosa Konohakure no sato. Era un día de verano como cualquier otro, esos hermosos días donde hace mucho calor pero cada tanto una pequeña briza se deslizaba por todo tu cuerpo dando un gran suspiro y refresco. El movimiento en la aldea misma era normal algunos shinobis moviéndose partiendo hacia sus misiones, muy pocos, otros solo caminando por las calles y disfrutaban de aquel día mientras otros cuidaban las puertas de cualquier ataque repentino de las aldea con las que aquel país había entrado en guerra. Los locales tanto de comida como de entretenimiento se encontraban abierto esperando por lo que al parecer sería un gran día en cuanto a ganancias y trabajo, algo que se venía repitiendo ya hace un tiempo.

Aquella mañana era un día libre para Koga, luego de dos misiones se le había otorgado un día libre el cual no desperdiciaría por nada del mundo. Sería un largo día de entrenamiento, aunque le daba mucha pereza, cuando se trataba de entrenar no lo dudaba ni un solo segundo, se lanzaba hacia el campo de entrenamiento.

Poco a poco iba despertando mientras el sol golpeaba en su rastro como aviso de despertarse sus ojos se iban abiertos. Una vez despierto y con mucho esfuerzo para levantarse de la cama, lo hacían en contra de todas sus ganas de allí quedarse. .

-Hola madre ¿como has pasado la noche?- decía el joven mientras se atragantaba con la comida -Come bien y traga antes de hablar te lo he dicho miles de veces…Aparte ya sabes que hay que comer sano par…- decía la madre interrumpida cuando se daba cuenta que su hijo ya se había escapado por entre la ventana. Ahora el joven corría a una gran velocidad a donde aquel día comenzaría su entrenamiento, a lo lejos comenzó a divisar el lugar…La academia ninja.

Aquella academia donde había tenido tan malas experiencias, tantos malos momentos pero tan bien buenos momentos donde tanto había aprendido, en ese lugar había decidido que sería su primer entrenamiento como shinobi de la aldea de la hoja. Tras unos minutos finalmente había llegado, a la academia, no entro a través de ella de un salto se dirigió a su parte de atrás donde comenzaría con su entrenamiento, aquel día entrenaría hasta el hartazgo, había tenido dos misiones anteriormente ambas de rango D y algo fáciles pero sin duda le comenzaba a gustar el trabajo de un shinobi, aunque como siempre y como era común en él le daba pereza.

Cuando estaba listo para comenzar con su duro entrenamiento, una carta le llego. Otra misión, su entrenamiento se veía interrumpido nuevamente por otra misión. Necesitaba la plata y al parecer era una misión un tanto…divertida. En la aldea ya lo comenzaban a tomar más en serio y al joven gennin ya lo mandaban a misiones de asesinato o de hasta infiltración. Por fin comenzaba a tener misiones dignas de un verdadero shinobi, finalmente comenzaba a tener verdaderos combates donde tendría que enfrentarse a gente verdaderamente poderosa. No había momento que perder, de un gran salto comenzó a moverse rápidamente en dirección de su casa, con el fin de ir a recoger todas sus utilidades ninja.

Mientras se movía rápidamente, entre techo y techo, llevaba el pergamino en su mano. La misión muy claramente era la siguiente “La doña Pochola es una señorita bastante peculiar, sabe... hacer bastantes experimentos (drogas) para una red de criminales que manejan distintas sustancias y las venden en los caminos de la aldea. Recientemente los ANBU han conseguido encontrar su guarida y laboratorio. Las leyendas de esta señora veterana son bastante aterradoras, no dejes que te atrape porque se dice que es ninfomana, y prefiere atar a sus presas para abusar de ellas hasta que mueran.” Era algo poco peculiar pero debía encargarse de aquella ninfómana con todo lo que tenía, pues al parecer era una mujer muy peligrosa.

Koga ya había tomado todas sus cosas en su casa y ahora se encontraba en el edificio en cuestión donde debía encargarse de aquella rara mujer. El edificio, era una gran casa de alrededor de tres pisos. Uno bajo el suelo, una planta baja y un primer piso que llegaba a los 10 metros de altura. La casa en si daba miedo, era oscura, tenebrosa y parecía estar abandonada hace bastante tiempo. No había ni una sola puerta por donde entrar, por lo tanto al joven Koga no le quedó otra que dar un gran salto y entrar por una de las ventanas del primer piso. Hasta ahora todo había salido bien, había logrado entrar a la casa. El problema era adentro, era muy oscura, se veía muy poco. Solo dos pasos había hecho dentro de la casa cuando sintió un gran golpe en la nuca y cayo desmayado.

Los ojos se abrían lentamente, su cuerpo se sentía paralizado, no podía mover ni desde el dedo pequeño del pie hasta el de la mano. Lo único que podía dominar a su necesidad era la cabeza, todo lo demás estaba totalmente paralizado. Al girar su cabeza hacia un lado pudo ver como todo su cuerpo estaba atado a una pared, a su derecha había otro shinobi todo ensangrentado y medio moribundo. Solo una luz podía notar, una pequeña antorcha enganchada del techo, iluminando aquella habitación. Justo delante de él había una mujer, bastante bella pero a la vez de avanzada edad, esta rara mujer se encontraba media desnuda y acariciando su cuerpo entero. Koga no sentía nada acerca de esto, solo observaba ni siquiera lograba moverse, no podía defenderse. De repente aquella mujer saco una larga espada que empezó a clavar en el cuerpo de Koga, que seguía sin sentir nada. De repente una pequeña sonrisa apareció en su rostro, tras esto una pequeña nube de humo apareció. En ese mismo momento, todo el cuarto tomo un color negro, la llama se había apagado. La casa entera se había visto sumergida en la oscuridad total. Solo se oían paso y las palabras de la mujer que no podía creer lo que había pasado. En ese momento la mujer tomaba una postura defensiva anteponiendo la katana a su cuerpo. Con esta posición esperaba defender de cualquier ataque que no pudiese ver. Un grave error, al estar lejos de la pared había dejado su espalda descuidada y en ese mismo momento había sentenciado su muerte, desde detrás de ella Koga pudo atravesar limpiamente su corazón, mientras en la mano perforadora se podía observar una capa de futonn con forma de sierra y la mujer viendo como su vida se escapaba frente a sus ojos.
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